La pista Philippe Chatrier suele estar reservada para la fase final del torneo y para los grandes encuentros que se celebran en Roland-Garros. Pero la tarde del jueves abrió sus puertas a lo que podría considerarse una primera ronda de un largo torneo, pero en clave electoral. Los siete principales candidatos a las elecciones presidenciales francesas —la primera vuelta se celebrará el próximo 18 de abril— declarados hasta la fecha, tras varias escenas de risas y bromas en el túnel de vestuarios, respondieron durante dos horas a las preguntas salidas de una consulta realizada a más de 66.000 empresarios sobre sus expectativas para el próximo quinquenio en un país ahogado por su deuda pública y atrapado en las reformas que los distintos gobiernos no han podido completar.
Los principales aspirantes presidenciales, con un Attal especialmente aplaudido, responden a preguntas de empresarios y empiezan a mostrar sus fortalezas y debilidades a ocho meses de las elecciones
La Philippe Chartrier suele estar reservada para la fase final del torneo y para los grandes encuentros que se celebran en Roland-Garros. Pero la tarde del jueves abrió sus puertas a lo que podría considerarse una primera ronda de un largo torneo, pero en clave electoral. Los siete principales candidatos a las elecciones presidenciales francesas declarados hasta la fecha, tras varias escenas de risas y bromas en el túnel de vestuarios, respondieron durante dos horas a las preguntas salidas de una consulta realizada a más de 66.000 empresarios sobre sus expectativas para el próximo quinquenio en un país ahogado por su deuda pública y atrapado en las reformas que los distintos gobiernos no han podido completar.
En la pista central, y era la primera vez que se les veía juntos, se sentaban Gabriel Attal (Renacimiento); Raphaël Glucksmann (Place publique); Jean-Luc Mélenchon (La Francia Insumisa); Édouard Philippe (Horizons); Bruno Retailleau (Los Republicanos); Marine Tondelier (Los Ecologistas) y Marine Le Pen (Reagrupamiento Nacional). Fueron interrogados por cinco dirigentes empresariales en un debate sobre cuestiones económicas organizado por el Movimiento de Empresas de Francia (Medef), con motivo de su universidad de verano.
El desafío no era el mismo para todos los participantes. Algunos jugaban en casa, los más inclinados al poder económico como Phlippe o Retailleau. Otros, más a la izquierda, Tondelier o Mélenchon, se conformaron con devolver pelotas desde el fondo de la pista. Y uno, seguramente el ex primer ministro Attal, fue quien más complació a los empresarios con sus propuestas y un cierto aire al Emmanuel Macron de los comienzos. Un problema, quizá, ya una vez fuera de Roland-Garros.
La edad de jubilación —los candidatos tienen ideas diametralmente opuestas—, la deuda pública, la competencia china, el control del déficit o el modelo de Estado del bienestar estarán sobre la mesa en estas elecciones cruciales en las que, más que nunca, la ultraderecha podría llegar al Palacio del Elíseo. Pero sobre todo una cuestión: el poder adquisitivo. Una encuesta de Toluna-Harris Interactive para M6 y RTL sitúa este asunto como la principal prioridad para el 52% de los encuestados, por delante de la sanidad, la inmigración y las pensiones. “Es la clase media que curra la que tiene la sensación de que cada vez se le pide más”, protestó Attal.
El debate era la ocasión para tomar el pulso a los candidatos por primera vez. Pero dos de ellos, indiscutidos dentro de sus respectivos partidos, sobresalen por encima del resto: Jean-Luc Mélenchon y Marine Le Pen. El primero atraviesa un momento de fuerte impulso, después de unas universidades de verano que tuvieron una gran asistencia. Un sondeo de Harris Interactive para RTL y M6, realizado los días 18 y 19 de agosto, lo sitúa en mejor posición que nunca para alcanzar la segunda vuelta. La segunda, después de despejar su futuro tomando la decisión de seguir adelante sin tener en cuenta una posible sentencia de inhabilitación durante la campaña, sigue en cabeza en los sondeos (35% de intención de voto).
La paradoja es que ambos candidatos son los que más inquietud o incertidumbre generan todavía en el mundo empresarial. El problema de Le Pen sigue siendo el mismo de siempre: su visión de la política y el estado no termina de encajar con la de los empresarios. Su concepción de una derecha social no convence. Tampoco su dudoso conocimiento de los temas económicos o su posición sobre la Unión Europea —el jueves volvió a insistir en no cumplir determinados compromisos económicos—. Por eso el tándem con su delfín, Jordan Bardella, mucho más liberal y cercano al empresariado, le ha permitido calar en ese mundo hasta ahora impermeable para el RN.
En el caso de Mélenchon, volvió a hacerse evidente que su visión del estado y la economía están en las antípodas de la patronal. Asusta. Pero le daba igual. Aquí no estaban sus votantes. “Si no aumentáis los salarios, Francia entrará en recesión”, lanzó después de pedir que Francia no cumpla sus compromisos con los acreedores. “Mi objetivo es llegar a una jubilación a los 60 años. Es una cuestión de humanidad”, recriminó a los empresarios. “Vuestro sistema no funciona. ¡Claro que hacen falta normas!”, les riñó, quedándose con la exclusiva del discurso más a la izquierda de los siete ponentes.
El resto de candidatos mide hoy sus fuerzas al ritmo de los sondeos y deberá decidir si continúa la carrera electoral. Especialmente los candidatos del centroderecha, que se disputarán una plaza: Gabriel Attal, Édouard Philippe y Bruno Retailleau, que mostró su versión más ultraliberal (“el principal problema de Francia es el estado”, dijo para complacer a los empresarios).
Los tres, sin embargo, evidenciaron sobre el escenario la dificultad de haber formado parte de los gobiernos de Emmanuel Macron, a quien ahora se achacan todos los males del país. “Me asombra que tengan ahora tantas ideas después de diez años de formar parte de la mayoría de Gobierno”, ironizó Le Pen.
Attal, sin embargo, fue quien se llevó mayores aplausos del empresariado. “Si caen los empresarios, cae el país”, les regaló. Philippe, su rival directo, que se sabía en cabeza, fue más conservador y buscó el cara a cara con Mélenchon varias veces a propósito de la deuda. “Su proyecto me haría gracia si no fuera tan peligroso”, le espetó. “Tendremos que trabajar más si queremos preservar nuestra riqueza. No podemos negar la demografía”, añadió, en relación a la extensión de la edad de jubilación.
El otro foco de Philippe Chartrier apuntaba directamente a Raphaël Glucksmann, candidato de izquierda que busca aglutinar todo el espectro progresista. El líder de Place Publique, algo desdibujado y plano, tuvo al menos la valentía de decirle a la cara a los empresarios que está a favor de abolir la reforma de la ley de pensiones que alarga la edad de jubilación. Además, situó el origen de la deuda pública en la desindustrialización de Francia. “Hace falta producir más”, les reprochó ante el murmullo generalizado, que aumentaba con la tormenta que caía ya sobre París y la ausencia de un candidato claro que respondiera a sus inquietudes.
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