El último cuadro antes de su suicidio: Óscar Domínguez, el surrealista de las mil caras

Óscar Domínguez (La Laguna, Tenerife, 1906 – París, Francia, 1957) viaja a París con 21 años. Allí acude a ocuparse de los negocios de su padre, un señor con cierta holgura económica que tiene algunas explotaciones bananeras en la isla. A su muerte, sin embargo, descubrirán que tiene más deudas que herencia, pero eso es otro cantar.

Domínguez entró y se instaló dentro del Surrealismo, aquel movimiento artístico nacido en los años 20 del s. XX de la mano de André Breton en Francia, que se sostenía sobre lo onírico y lo automático. El tinerfeño tiene una vida corta, intensa y combativa, marcada por la pintura, el compromiso político y también la enfermedad. Sufría acromegalia, una dolencia rara que le provocaba una deformación progresiva de su físico, haciendo crecer de manera extraordinaria los huesos de su cráneo, rostro y extremidades.

Una vida marcada por la pintura, la enfermedad y sentido del humor

El último cuadro antes de su suicidio: Óscar Domínguez, el surrealista de las mil caras

Aquello afectó de manera grave a su carácter, acentuando su inestabilidad personal y sus crisis depresivas asociadas al consumo de alcohol. Todo ello tuvo un impacto muy fuerte en Domínguez, que se terminó quitando la vida el 31 de diciembre de 1957 en su casa del barrio de Montparnasse.

Apenas un mes antes, exponía en una galería de París. Los asistentes no sabían que sería la última en vida, probablemente él sí. Por ello, quizá se mostró ante la sociedad tal como él, y los demás, le veían, autorretratándose en Le Clown, la obra que cierra la exposición Óscar Domínguez o el Surrealismo híbrido, en la Galería Guillermo de Osma, y que se expone al público por primera vez tras estar en paradero desconocido desde 1965.

Se muestran una treintena de obras que abarcan toda su producción artística, dejando que el público perciba cómo Domínguez es un poco como una matrioska rusa, en cuanto a estilos, lo que convierte al artista en una figura a veces complicada de seguir la pista.

Se quita la vida el 31 de diciembre de 1957

El último cuadro antes de su suicidio: Óscar Domínguez, el surrealista de las mil caras

«Domínguez tiene una vida un poco corta, sólo vive 50 años,ya que se quita la vida en 1957. No obstante, tiene una producción poco extensa, pero sí muy variada. Esta es una exposición que recorre toda su corta carrera. Teníamos obras en nuestros fondos y acceso a interesantes préstamos. Las treinta obras van de 1936, que son sus calcomanías, la gran aportación de Domínguez al Surrealismo», explica Leonor de Osma, directora de la Galería Guillermo de Osma.

Del Surrealismo se aparta relativamente pronto. De fuerte carácter, Domínguez choca irremediablemente con Breton, al igual que otros integrantes del movimiento, los cuales deciden abandonar el grupo. Entre ellos, su íntimo amigo Paul Éluard, a la sazón primer marido de Gala Dalí, quien rompe con Breton por su acercamiento al Partido Comunista.

El portazo a Breton y su surrealismo más libre

El último cuadro antes de su suicidio: Óscar Domínguez, el surrealista de las mil caras

Tras aquella salida, Domínguez comienza a hacer una producción más libre, sin la aprobación o los mandatos del Surrealismo más ortodoxo, el delineado por Breton. «Por eso hablamos de Surrealismo híbrido, porque no hace obras que versan sobre los principios del Surrealismo más académico, sino que toca muchas áreas diferentes de creación. Ahí es cuando hace las Calcomanías, una técnica para la que usa tinta, hace dibujos con papel y sobre ello pone otra hoja que más tarde levanta. De este modo nacían cuadros marcados por el azar y el subconsciente», apunta De Osma.

No sólo toma un camino más independiente, Domínguez experimenta en los años 40 una importante actividad, exponiendo en París, Bruselas y Nueva York. De esta década, De Osma detalla que hay varias obras «muy especiales, en particular, un cuadro objeto que se llama La cámara oscura, donde se ve mucha influencia de Chirico o Dalí.

En este tiempo, también se casa con Maud Bonneaud, a la que había conocido durante la ocupación francesa en la II Guerra Mundial. Una unión que le brinda algo de sosiego, aunque se divorcian en 1950.

Tras la ruptura con su esposa, su frágil estabilidad se va erosionando y comienza un círculo vicioso de crisis, depresiones, escapismo a través del alcohol y una vida frenética, que en absoluto le satisface, un hecho del que es consciente. Nunca deja de pintar. Está consagrado a la acción de pintar, algo que hace en su estudio, en soledad, y también acompañado de amigos que a menudo se arremolinan para beber y charlar, y como vemos, no sólo en los cafés parisinos: los talleres también son espacios para la amistad entre artistas e intelectuales.

La relación con la vizcondesa de Noailles

Una vez separado, conocida es también su relación amorosa y de amantes con la vizcondesa de Noailles, Marie-Laure Bischoffsheim. Con esta mujer adinerada, musa y mecenas de los surrealistas, que financia, entre otras obras, La Edad de Oro, de Luis Buñuel, pasa largas temporadas en las dos residencias que tiene en París y en Hyères, la Costa Azul.

La amistad (no podemos afirmar si tanto el amor, cosa íntima complicada de juicio) fraguó de tal modo que Domínguez fue enterrado en el panteón familiar de los Bischoffsheim en el Cementerio de Montparnasse, el mismo lugar que Marie-Laure.

«En la exposición también hay obras de la época del triple trazo, de finales de los 40 y principios de los 50, más o menos hasta 1953. Un tiempo muy original, muy sofisticado y alegre. Pinta la obra y luego delimita las formas con una línea fina negra, creando unos relieves y unas composiciones maravillosas».

La mayoría de las obras presentan representaciones de interiores e incluso algo que podemos llamar bodegones, como es el caso de Frutero come frutas (1949), «uno de los cuadros más potentes de la muestra, tanto por valor como por tamaño y procedencia. Son dos fruteros que, en lugar de guardar las frutas, se las comen. Curiosamente, este cuadro perteneció a André Breton, tiene detrás una etiqueta manuscrita, algo que siempre es interesante de descubrir», relata apasionada De Osma.

«Le Clown, el punto y final de una trayectoria»

Otro cuadro a destacar es, sin duda, Le Clown (1957). De Osma explica que «lo pinta un par de meses antes de morir, me imagino que ya con su suicidio un poco premeditado. La enfermedad que tenía, conocida de forma más popular como elefantiasis, le producía un crecimiento inusual y progresivo de sus huesos y de sus extremidades, incluido el rostro».

«Por tanto», añade, «Domínguez es uno de esos personajes que, como María Blanchard, estaban un poco traumatizados por su físico, a lo que tenemos que sumar que era una persona un poco trastornada y violenta. Bebía mucho, aunque es curioso que toda esa evidente oscuridad conviviera con una parte de mucho humor, que es algo a resaltar de su obra y sobre todo en Le Clown que significa El Payaso y es un autorretrato».

El último cuadro antes de su suicidio: Óscar Domínguez, el surrealista de las mil caras

Le Clown, junto a otras obras, forma parte de la exposición Óscar Domínguez celebrada en la Galerie Rive Gauche de París, del 12 de noviembre y al 2 de diciembre de 1957. Isidro Hernández, conservador jefe de la colección del Tenerife Espacio de las Artes y uno de los mayores expertos en Domínguez, afirma que «aquellos óleos tenían una calidad excepcional, capaces de reunir a un público muy selecto, a juzgar por el cuaderno de firmas en el que dejaron su rúbrica personalidades del mundo social y cultural parisino del momento».

En Le Clown, Domínguez recupera la experimentación con tinta de las décadas anteriores y todo ello lo pone al servicio de esta última pintura. «Recupera el impulso automatista de la pintura gestual y la decalcomanía de los años 30. Regresan los tejidos acuosos, los corales lávicos o las extrañas construcciones en espiral, así como si el mecanismo de un limpiaparabrisas —parafraseando un conocido texto de André Breton— los hubiese impregnado sobre la tela», apunta Hernández.

Pero, ¿es posible interpretarlo como el retrato deconstruido del propio Óscar Domínguez? La prensa firma algunas notas editoriales durante aquella exposición al respecto, en una de ellas, se describe al pintor canario como «un personaje grandiosamente monstruoso», por las deformaciones de su físico, por la fama de sus excesos y su personalidad extrovertida hasta el extremo.

El último cuadro antes de su suicidio: Óscar Domínguez, el surrealista de las mil caras

«A pocos meses antes de acabar con su vida, se pinta a la manera de una figura tragicómica oculto en la careta maquillada de un payaso, digna representación melancólica y vulnerable de la fragilidad humana y del silencio. Le clown cifra el punto y final de una trayectoria», explica Hernández.

Desde ese año 1957, la pintura Le Clown ha permanecido en paradero desconocido. Ahora, la Galería Guillermo de Osma de Madrid la recupera y la incorpora a esta exposición activa hasta octubre. «Viene de una colección privada, por lo que hablamos de un cuadro algo inédito», señala De Osma.

@MaríaVillardón

Retrato de portada. Rolanda d’Ursel. Óscar Domínguez en su estudio, París, 1951 Musée de la Photographie, Charleroi, Bélgica. 

 Óscar Domínguez (La Laguna, Tenerife, 1906 – París, Francia, 1957) viaja a París con 21 años. Allí acude a ocuparse de los negocios de su padre, un señor con cierta holgura económica que tiene algunas explotaciones bananeras en la isla. A su muerte, sin embargo, descubrirán que tiene más deudas que herencia, pero eso es … Continuar leyendo «El último cuadro antes de su suicidio: Óscar Domínguez, el surrealista de las mil caras»  

Óscar Domínguez (La Laguna, Tenerife, 1906 – París, Francia, 1957) viaja a París con 21 años. Allí acude a ocuparse de los negocios de su padre, un señor con cierta holgura económica que tiene algunas explotaciones bananeras en la isla. A su muerte, sin embargo, descubrirán que tiene más deudas que herencia, pero eso es otro cantar.

Domínguez entró y se instaló dentro del Surrealismo, aquel movimiento artístico nacido en los años 20 del s. XX de la mano de André Breton en Francia, que se sostenía sobre lo onírico y lo automático. El tinerfeño tiene una vida corta, intensa y combativa, marcada por la pintura, el compromiso político y también la enfermedad. Sufría acromegalia, una dolencia rara que le provocaba una deformación progresiva de su físico, haciendo crecer de manera extraordinaria los huesos de su cráneo, rostro y extremidades.

Una vida marcada por la pintura, la enfermedad y sentido del humor

Óscar Domínguez, Les Cocottes en papier, 1943, cortesía Galería Guillermo de Osma

Aquello afectó de manera grave a su carácter, acentuando su inestabilidad personal y sus crisis depresivas asociadas al consumo de alcohol. Todo ello tuvo un impacto muy fuerte en Domínguez, que se terminó quitando la vida el 31 de diciembre de 1957 en su casa del barrio de Montparnasse.

Apenas un mes antes, exponía en una galería de París. Los asistentes no sabían que sería la última en vida, probablemente él sí. Por ello, quizá se mostró ante la sociedad tal como él, y los demás, le veían, autorretratándose en Le Clown, la obra que cierra la exposición Óscar Domínguez o el Surrealismo híbrido, en la Galería Guillermo de Osma, y que se expone al público por primera vez tras estar en paradero desconocido desde 1965.

Se muestran una treintena de obras que abarcan toda su producción artística, dejando que el público perciba cómo Domínguez es un poco como una matrioska rusa, en cuanto a estilos, lo que convierte al artista en una figura a veces complicada de seguir la pista.

Se quita la vida el 31 de diciembre de 1957

Óscar Domínguez, Frutero come fruta, 1949, cortesía Galería Guillermo de Osma

«Domínguez tiene una vida un poco corta, sólo vive 50 años,ya que se quita la vida en 1957. No obstante, tiene una producción poco extensa, pero sí muy variada. Esta es una exposición que recorre toda su corta carrera. Teníamos obras en nuestros fondos y acceso a interesantes préstamos. Las treinta obras van de 1936, que son sus calcomanías, la gran aportación de Domínguez al Surrealismo», explica Leonor de Osma, directora de la Galería Guillermo de Osma.

Del Surrealismo se aparta relativamente pronto. De fuerte carácter, Domínguez choca irremediablemente con Breton, al igual que otros integrantes del movimiento, los cuales deciden abandonar el grupo. Entre ellos, su íntimo amigo Paul Éluard, a la sazón primer marido de Gala Dalí, quien rompe con Breton por su acercamiento al Partido Comunista.

El portazo a Breton y su surrealismo más libre

León Bicicleta, de Oscar Domínguez. 1936. Cortesía Guillermo de Osma.

Tras aquella salida, Domínguez comienza a hacer una producción más libre, sin la aprobación o los mandatos del Surrealismo más ortodoxo, el delineado por Breton. «Por eso hablamos de Surrealismo híbrido, porque no hace obras que versan sobre los principios del Surrealismo más académico, sino que toca muchas áreas diferentes de creación. Ahí es cuando hace las Calcomanías, una técnica para la que usa tinta, hace dibujos con papel y sobre ello pone otra hoja que más tarde levanta. De este modo nacían cuadros marcados por el azar y el subconsciente», apunta De Osma.

No sólo toma un camino más independiente, Domínguez experimenta en los años 40 una importante actividad, exponiendo en París, Bruselas y Nueva York. De esta década, De Osma detalla que hay varias obras «muy especiales, en particular, un cuadro objeto que se llama La cámara oscura, donde se ve mucha influencia de Chirico o Dalí.

En este tiempo, también se casa con Maud Bonneaud, a la que había conocido durante la ocupación francesa en la II Guerra Mundial. Una unión que le brinda algo de sosiego, aunque se divorcian en 1950.

Tras la ruptura con su esposa, su frágil estabilidad se va erosionando y comienza un círculo vicioso de crisis, depresiones, escapismo a través del alcohol y una vida frenética, que en absoluto le satisface, un hecho del que es consciente. Nunca deja de pintar. Está consagrado a la acción de pintar, algo que hace en su estudio, en soledad, y también acompañado de amigos que a menudo se arremolinan para beber y charlar, y como vemos, no sólo en los cafés parisinos: los talleres también son espacios para la amistad entre artistas e intelectuales.

La relación con la vizcondesa de Noailles

Una vez separado, conocida es también su relación amorosa y de amantes con la vizcondesa de Noailles, Marie-Laure Bischoffsheim. Con esta mujer adinerada, musa y mecenas de los surrealistas, que financia, entre otras obras, La Edad de Oro, de Luis Buñuel, pasa largas temporadas en las dos residencias que tiene en París y en Hyères, la Costa Azul.

La amistad (no podemos afirmar si tanto el amor, cosa íntima complicada de juicio) fraguó de tal modo que Domínguez fue enterrado en el panteón familiar de los Bischoffsheim en el Cementerio de Montparnasse, el mismo lugar que Marie-Laure.

«En la exposición también hay obras de la época del triple trazo, de finales de los 40 y principios de los 50, más o menos hasta 1953. Un tiempo muy original, muy sofisticado y alegre. Pinta la obra y luego delimita las formas con una línea fina negra, creando unos relieves y unas composiciones maravillosas».

La mayoría de las obras presentan representaciones de interiores e incluso algo que podemos llamar bodegones, como es el caso de Frutero come frutas (1949), «uno de los cuadros más potentes de la muestra, tanto por valor como por tamaño y procedencia. Son dos fruteros que, en lugar de guardar las frutas, se las comen. Curiosamente, este cuadro perteneció a André Breton, tiene detrás una etiqueta manuscrita, algo que siempre es interesante de descubrir», relata apasionada De Osma.

«Le Clown, el punto y final de una trayectoria»

Otro cuadro a destacar es, sin duda, Le Clown (1957). De Osma explica que «lo pinta un par de meses antes de morir, me imagino que ya con su suicidio un poco premeditado. La enfermedad que tenía, conocida de forma más popular como elefantiasis, le producía un crecimiento inusual y progresivo de sus huesos y de sus extremidades, incluido el rostro».

«Por tanto», añade, «Domínguez es uno de esos personajes que, como María Blanchard, estaban un poco traumatizados por su físico, a lo que tenemos que sumar que era una persona un poco trastornada y violenta. Bebía mucho, aunque es curioso que toda esa evidente oscuridad conviviera con una parte de mucho humor, que es algo a resaltar de su obra y sobre todo en Le Clown que significa El Payaso y es un autorretrato».

Mujeres en un barco. 1950. Oscar Domínguez. Cortesía Galería Guillermo de Osma

Le Clown, junto a otras obras, forma parte de la exposición Óscar Domínguez celebrada en la Galerie Rive Gauche de París, del 12 de noviembre y al 2 de diciembre de 1957. Isidro Hernández, conservador jefe de la colección del Tenerife Espacio de las Artes y uno de los mayores expertos en Domínguez, afirma que «aquellos óleos tenían una calidad excepcional, capaces de reunir a un público muy selecto, a juzgar por el cuaderno de firmas en el que dejaron su rúbrica personalidades del mundo social y cultural parisino del momento».

En Le Clown, Domínguez recupera la experimentación con tinta de las décadas anteriores y todo ello lo pone al servicio de esta última pintura. «Recupera el impulso automatista de la pintura gestual y la decalcomanía de los años 30. Regresan los tejidos acuosos, los corales lávicos o las extrañas construcciones en espiral, así como si el mecanismo de un limpiaparabrisas —parafraseando un conocido texto de André Breton— los hubiese impregnado sobre la tela», apunta Hernández.

Pero, ¿es posible interpretarlo como el retrato deconstruido del propio Óscar Domínguez? La prensa firma algunas notas editoriales durante aquella exposición al respecto, en una de ellas, se describe al pintor canario como «un personaje grandiosamente monstruoso», por las deformaciones de su físico, por la fama de sus excesos y su personalidad extrovertida hasta el extremo.

Intérieur au phonographe et oiseaux, 1951. Cortesía Galería Guillermo de Osma

«A pocos meses antes de acabar con su vida, se pinta a la manera de una figura tragicómica oculto en la careta maquillada de un payaso, digna representación melancólica y vulnerable de la fragilidad humana y del silencio. Le clown cifra el punto y final de una trayectoria», explica Hernández.

Desde ese año 1957, la pintura Le Clown ha permanecido en paradero desconocido. Ahora, la Galería Guillermo de Osma de Madrid la recupera y la incorpora a esta exposición activa hasta octubre. «Viene de una colección privada, por lo que hablamos de un cuadro algo inédito», señala De Osma.

@MaríaVillardón

Retrato de portada. Rolanda d’Ursel. Óscar Domínguez en su estudio, París, 1951 Musée de la Photographie, Charleroi, Bélgica. 

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