El encargado de recibir a los líderes a las puertas de la Galería de Colecciones Reales para comenzar la sesión plenaria de la Cumbre Iberoamericana fue el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Saludos afectuosos, apretones de mano intensos, abrazos, conversaciones distendidas… menos con el presidente de Argentina, Javier Milei. Frialdad. Como el día. El ministro español estira la mano, marca distancia, saludo cortés. Sin más. Mucha más distancia exhibió el líder liberal con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Milei ni le mira en su apretón. Así están las relaciones institucionales entre ambos gobiernos. Fuentes del Ejecutivo confirman a este diario que durante toda la cumbre no ha habido más contacto.
La sesión plenaria termina en Madrid con un comunicado conjunto firmado por todos los Estados miembros de la Comunidad Iberoamericana
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El encargado de recibir a los líderes a las puertas de la Galería de Colecciones Reales para comenzar la sesión plenaria de la Cumbre Iberoamericana fue el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Saludos afectuosos, apretones de mano intensos, abrazos, conversaciones distendidas… menos con el presidente de Argentina, Javier Milei. Frialdad. Como el día. El ministro español estira la mano, marca distancia, saludo cortés. Sin más. Mucha más distancia exhibió el líder liberal con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Milei ni le mira en su apretón. Así están las relaciones institucionales entre ambos gobiernos. Fuentes del Ejecutivo confirman a este diario que durante toda la cumbre no ha habido más contacto.
Porque el silencio es la postura con la que el equipo de Sánchez ha decidido responder a Milei. Así lo hicieron hace tres semanas, cuando el presidente argentino llamó «dictador» al socialista durante un desayuno de Nueva Economía Forum. Y esa ha sido la misma respuesta a la petición formal de un encuentro con Felipe VI. Casa Rosada envió hace una semana por los cauces oficiales el requerimiento para que Milei mantuviera una bilateral con el Monarca. El Gobierno ni se ha molestado en responder con una negativa. Optaron por el silencio. Es más, ante las preguntas del equipo de Milei, decían que todo seguía su curso. Pero en las 34 horas que el mandatario estuvo en España -de donde se marchó ayer por la noche para recibir al Papa León XIV en Buenos Aires- no hubo respuesta.
La posición de Sánchez en esta cumbre fue la de intentar ser institucional, más medido que hace dos años, cuando España retiró a la embajadora en Buenos Aires como respuesta a las palabras de Milei contra la esposa de Sánchez, Begoña Gómez. Así explican desde su equipo que no entrara en un choque más intenso cuando fue preguntado en la rueda de prensa de ayer por las palabras del mandatario argentino. «Yo entiendo que los presidentes estamos para unir a los países, particularmente cuando estamos en espacios multilaterales como este, no para confrontar entre estados», trató de despejar. Pero no pudo contenerse: «El insulto no forma parte de mi manera de actuar ni de mi forma de entender la política».
Fuentes de La Moncloa exponen que tras la equiparación de Milei del socialismo con el fascismo «no nos damos por aludidos». Señalan que hay libertad para que cada líder exponga sus ideas, pero sí matizan: «El socialismo español está en las antípodas del fascismo. Sólo hay que comparar a Sánchez con Milei para comprobarlo». Intento público de mantener las formas, pero en privado enfado y pelota devuelta al argentino. En el Gobierno lamentan también que el mandatario argentino haya «tergiversado», dicen, una cita de «un pensador tan ilustre» como Madariaga para adaptarla a sus intereses.
En el plenario, ante la presencia de todos los líderes, Sánchez sí quiso dejar mensajes entre líneas. Mensajes para quien quisiera entender… «Diálogo frente a imposición; cooperación frente a división; paz frente a violencia. Principios que nos trajeron hasta aquí y que son también los que deben guiarnos en los próximos años», reflexionó Sánchez. Su apuesta cerrada por el multilateralismo, una Inteligencia Artificial humanista o la lucha contra el cambio climático son planteamientos que chocan con los que defienden líderes como Milei o también Trump.
La tensión con Argentina contrasta con la cordialidad mantenida con Chile, donde hay un gobierno de derecha radical. En estos dos días en Madrid, José Antonio Kast ha mantenido encuentros con el Rey y con Sánchez. Con éste último se vio en una reunión bilateral en los márgenes de la cumbre a petición suya. La calificó de «muy buena reunión». El mandatario chileno proporcionó, además, un capote al presidente del gobierno español evitando equiparar el fascismo con el socialismo y poniendo en valor su encuentro con Sánchez, además de con otros líderes como Alberto Núñez Feijóo o Santiago Abascal. «Yo aquí tuve una muy buena reunión con el presidente Pedro Sánchez, también con los líderes de la oposición a su gobierno», dijo.
Pese a los ataques velados entre Milei y Sánchez, el Rey pareció conseguir su objetivo en la sesión plenaria. Felipe VI tenía claro cuál era el tono a conseguir en la XXX Cumbre Iberoamericana. El Monarca, en su papel de moderador, abrió la reunión pidiendo «diálogo» y, en una alegoría musical, rogó que el debate sonara «armónico», que los ponentes se «ciñeran a la partitura». Su ruego fue acatado y al final de la cumbre, el jefe del Estado insistió en la necesidad de «reafirmar el valor de un espacio que nos permite influir juntos» y subrayó su convencimiento de la utilidad de esas cumbres, pero confesó que «la continuidad de la cooperación debe ir de la mano de la capacidad de renovarla».
Para terminar sus palabras, el Monarca quiso reforzar el mensaje de la utilidad de la alianza iberoamericana. En este sentido, el Rey definió a la región como «el contra punto de un tiempo geopolítico marcado por los frentes, los bloques, la rivalidad y la competencia. No podemos cambiar las inercias globales, pero sí demostrar al mundo que la diplomacia bilateral sigue teniendo sentido», afirmó.
El Rey ha asumido una responsabilidad personal con la cumbre. Don Felipe se implicó personalmente para lograr una importante afluencia. Aunque el secretario para la región, Andrés Allamand, estimó que vendrían 15 líderes, la representación cayó hasta 10. Mucho más que los cuatro que fueron a la anterior cita. Felipe VI traspasó ayer la secretaría pro tempore a Honduras, responsable de la próxima cumbre, y María Corina Machado pidió que la de 2030 se celebre en una Venezuela libre. Hoy, Don Felipe tendrá todavía dos actos relacionados con Iberoamérica y cerrará un encuentro en donde se ha impuesto el consenso.
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