Los proyectos pendientes, por importantes que sean o décadas que lleven de retraso, siempre encuentran escollos que los paralizan o retrasan
Lo ocurrido con el hospital, entre los últimos ejemplos Los proyectos pendientes, por importantes que sean o décadas que lleven de retraso, siempre encuentran escollos que los paralizan o retrasan
Lo ocurrido con el hospital, entre los últimos ejemplos
Lo de Cádiz empieza a ser ya digno de estudio. La normalidad con la que el gaditano asiste, resignado, a uno y otro problema con los grandes proyectos de ciudad es asombrosa. Las grandes deudas pendientes en la ciudad suman años de abandono y parálisis con absoluta normalidad, solo interrumpida por alguna denuncia puntual del partido de la oposición (municipal, autonómica o estatal) que luego calla la boca durante los años que le toca gobernar (en el Ayuntamiento, en la Junta o en el país). Así, si el PP municipal era muy beligerante con la construcción del nuevo hospital cuando la Junta de Andalucía era gobernada por los socialistas, ahora guarda silencio mientras el proyecto sigue sin terminar de desbloquearse; al igual que el PSOE lleva hoy al extremo los problemas de una finca en Puntales a los que pide una urgente solución en el Parlamento andaluz, olvidando que durante décadas de su gobierno en la Junta dejaron a medias la regeneración de las viviendas del Cerro del Moro.
En esas andan nuestros políticos mientras los proyectos, que debería ser lo importante, siguen sin terminar de salir adelante. En una retahíla de casos dignos del Felipe Gafe que nos regaló Vázquez en Mortadelo y Filemón. Porque sí, en cierto modo lo que pasa en Cádiz con sus proyectos es hasta de risa. Tristemente.
En los últimos días hemos asistidos a varios ejemplos de gafe en la ciudad. El primero es el de la Ciudad de la Justicia, que tras el acto celebrado a bombo y platillo el 15 de diciembre en el que se anunciaba la licitación de la primera fase de las obras para enero (es decir, para quince días después de poner la primera piedra) hemos visto retrasarse ese inicio dos meses. La culpa, los temporales que han provocado retrasos en esa polémica fase 0; pero empezar la obra con retraso hace tambalear la confianza en que el exigente calendario que se ha marcado la Junta vaya a cumplirse de aquí a 2028, cuando se quiere que empiece a funcionar el equipamiento judicial.
Más grave es lo ocurrido con el hospital, el nuevo frenazo desvelado por este periódico que ha hecho saltar las alarmas en el Ministerio de Hacienda y que provocó el viernes toda una operación interna de la Junta para salir del atolladero. A estas alturas de la película, después de meses analizando por el derecho y por el revés el convenio que se tiene que firmar entre Hacienda y la Consejería de Sanidad para la cesión del suelo donde se construirá el hospital, a alguien se le ocurre en Sevilla que el convenio no se puede firmar porque sí, sino que hay que cumplimentar otro proceso interno en la propia administración andaluza que podría retrasar varios meses el ok definitivo para firmar. Y eso, con las elecciones autonómicas de por medio y las generales a la vuelta de la esquina, podía suponer el batacazo definitivo al acuerdo que después de empezar a negociar en octubre habían alcanzado ambas partes.
¿De verdad nadie se había dado cuenta hasta ahora de cuál es el procedimiento que tiene que seguir la Junta para un trámite como este? Sorpresas como esta hacen temer por el proyecto sanitario, que no podemos olvidar que de la noche a la mañana pasó de un plazo para su construcción de 12 años a 8. Es decir, que la Junta dijo de un día para otro que tardará cuatro años menos de los que tenía previsto para construir el hospital, mientras parece mostrar debilidades para algo a priori tan simple como recibir el suelo necesario sin coste material alguno.
El colmo de este gafe se lo lleva el Cementerio de San José. Clausurado desde 1992 y con la ciudad soñando y dibujando un proyecto tras otro para darle nuevo uso (todavía sigue el Ayuntamiento planteando varias posibilidades para varias zonas del enorme solar, sin tener claro qué proyecto definitivo se quiere), resulta que cuando van a comenzar las obras, al fin, no se puede ¡¡¡por los gatos!!! que han hecho del antiguo camposanto su complejo hotelero de cinco estrellas. Es decir, el futuro de la ciudad y la transformación urbanística definitiva de Los Chinchorros paralizada por cuatro gatos, amparados por una ley que en este caso desvela un lado un tanto demencial.
¿De verdad que no se puede coger a los gatos, llevarlos a otro sitio, y empezar a hacer la obra? ¿En serio hablamos de estrés de los animales por sacarlos de allí, demandas judiciales al Ayuntamiento y gastos de hasta 57.000 euros para mantener a unos gatos callejeros? ¿Tanta mala suerte puede tener Cádiz?
Lo de la ciudad con sus proyectos recuerda a ese concursante de Gran Hermano que exclamaba lamentándose por la pierna que tenía encima y que no le dejaba levantar cabeza. ¿Quién te pone la pierna encima, Cádiz?
Puede uno pensar que todo es fruto del gafe, pero si echamos la vista atrás se recuerda cómo otros políticos que ocuparon otros gobiernos fueron capaces, con su tenacidad, decisión y defensa de los intereses de la ciudad, de hacer un soterramiento de la vía del tren en un tiempo récord; o de poner firme a toda una ministra para que dejara de dar rodeos y aprobara de una vez la construcción del nuevo puente sobre la Bahía. Y entonces empieza uno a pensar que igual el gafe no es de la ciudad, o de los proyectos, sino de los políticos que nos han tocado en este tiempo.
Diario de Cádiz – Cádiz
