La guerra desatada por Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo para intentar derrocar al régimen de Irán ha entrado este domingo en su tercera semana, convertida ya en un conflicto regional que está golpeando con fuerza Líbano y moviendo los cimientos de la economía global. La presión ejercida sobre sus aliados por el presidente estadounidense, Donald Trump, que el sábado pidió crear una flota internacional que proteja a los petroleros en el estrecho de Ormuz y evite que sean bombardeados por la República Islámica no ha dado por ahora resultado: ningún país se ha sumado a esa iniciativa, y el Gobierno alemán directamente la ha rechazado.
Alemania rechaza participar en la flota internacional que Estados Unidos quiere crear en el estrecho de Ormuz. Los muertos en Líbano por ataques de Israel son ya 850
Israel mantiene la presión sobre Hezbolá. Las tropas israelíes han reivindicado este domingo nuevos ataques contra la milicia libanesa proiraní, y el Ministerio de Sanidad de Líbano ha comunicado 24 víctimas mortales desde el sábado (850 en menos de dos semanas). Son los últimos golpes de una ofensiva con la que Israel espera erradicar a la organización —su mayor preocupación en la frontera norte desde hace décadas— y en la que amplía la lista de objetivos que considera legítimos: tras advertir el día anterior de la posibilidad de atacar ambulancias y camiones civiles, el ejército israelí ha avisado este domingo de que bombardeará “a cualquiera que esté cerca” de las posiciones de Hezbolá.
El ejército israelí, que mantuvo la ofensiva militar contra Hezbolá incluso después de la supuesta tregua que ambos pactaron en 2024, la ha incrementado desde principios de marzo, cuando la milicia abrió un frente de desgaste sobre Israel en defensa de su patrocinador, Irán. Israel ha matado desde entonces a 850 personas en Líbano; entre ellas, 107 niños y 32 paramédicos, según el Gobierno libanés.
Gideon Saar, ministro de Exteriores israelí, ha negado las informaciones que sugerían que ambos Estados estaban cerca de iniciar negociaciones para un tregua; y tanto el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como Israel y también el enemigo de ambos, Irán, se han producido en similares términos. Los tres Estados directamente enfrentados en esta contienda —que ha arrastrado a Líbano y, en menor medida, a los países del golfo Pérsico— enfriaban así la posibilidad de un alto el fuego que acabe con esta guerra que ya es regional.
Líbano es, después de Irán —donde ya han perecido casi 1.500 civiles desde el 28 de febrero, en cifras oficiales—, el país donde hay más fallecidos. El presidente, Joseph Aoun, y el primer ministro, Nawaf Salam, han llamado a negociar directamente con Israel para frenar una guerra devastadora para el país, donde se cuentan ya más de 800.000 desplazados forzosos. El sábado, el presidente francés, Emmanuel Macron, había llamado a hacer “todo lo posible para evitar que Líbano se hunda en el caos”, haciendo notar que Beirut había “indicado su voluntad” de iniciar conversaciones con Israel y ofreciendo París como lugar “para acogerlas”.
“Si el Gobierno de Líbano quiere cambiar algo, deben frenar [antes] los ataques de Hezbolá desde territorio libanés”, ha respondido a esta oferta el jefe de la diplomacia israelí. Gideon Saar ha señalado a Beirut por no haber hecho “nada significativo” para contener a la milicia durante la reciente escalada, pero tampoco desde la tregua iniciada en 2024, que exigía al Ejecutivo desarmar a Hezbolá.
Después de que se registraran disparos por parte de Hezbolá desde los alrededores de la ciudad meridional de Nabatieh, Avichay Adraee, el portavoz en árabe del ejército israelí, ha anunciado este domingo en un comunicado ataques contra lanzaderas de proyectiles en la zona cercana de Qatrani, también en el sur del país, donde la agencia de noticias libanesa registra al menos tres víctimas mortales.
Medios de comunicación libaneses han dado también cuenta de ataques israelíes en la zona fronteriza, donde el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha declarado el objetivo de ocupar una franja —que se calcula podría adentrarse una decena de kilómetros en territorio libanés— para convertirla en lo que ha llamado “zona de seguridad”.
Israel insiste en desalojar a la población de los populosos suburbios beirutíes. Tras bombardear una supuesta base de Hezbolá en la zona, Adraee ha exigido de nuevo la huida de los residentes y les ha negado el retorno “hasta nuevo aviso”. “El ejército no dudará en atacar a cualquier persona que esté cerca de elementos o instalaciones de Hezbolá. Os estáis poniendo en peligro; evacuad la zona inmediatamente”, ha amenazado el portavoz.
La advertencia engrosa la lista de objetivos civiles que Israel ha declarado como legítimos aunque estén protegidos por el derecho humanitario internacional. El sábado, la Organización Mundial de la Salud denunció 27 ataques verificados contra personal o infraestructura médica, incluyendo el bombardeo contra un centro de atención primaria en Burj Qalaouiye que mató a 12 trabajadores sanitarios. Human Rights Watch, que ha denunciado como ilegales las órdenes de desalojo masivas, ha recordado este domingo que “atacar los camiones que circulan por las áreas donde Hezbolá tiene presencia sigue siendo un crimen de guerra”.
Como en Líbano, tampoco un final de la guerra en Irán se antoja inminente. Todo lo contrario. Horas antes de que un portavoz militar de Israel calculara este domingo, en declaraciones a la cadena CNN, que los ataques contra Irán continuarán por lo menos otras tres semanas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había descartado un posible alto el fuego, en una entrevista telefónica con la cadena NBC.
Como ya hecho en otras ocasiones, Trump ha afirmado que Irán quiere llegar a un acuerdo que ponga fin a los bombardeos estadounidenses e israelíes, pero que él no está dispuesto porque por ahora lo que ofrecen los iraníes “no es lo suficientemente bueno”. Ya por la tarde, el republicano ha declarado que, aunque los ataques estadounidenses del sábado contra la estratégica isla iraní de Jarg, la principal plataforma de carga de petroleros para la exportación del crudo, han “destruido por completo” gran parte de la isla, Washington “podría atacarla unas cuantas veces más, solo por diversión”, informa Jesús Sérvulo González.
Las amenazas no cesan de uno y otro lado —la Guardia Revolucionaria iraní ha advertido de que “perseguirá sin descanso” al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para matarlo— y el intercambio de misiles y drones prosigue. Israel ha anunciado una oleada de bombardeos contra el oeste de Irán (la zona más castigada del país), casi al mismo tiempo que Teherán lanzaba una nueva andanada de proyectiles contra el sur y el centro del territorio israelí. Un sexagenario ha resultado herido en uno de esos ataques que ha impactado en la región de Tel Aviv.

Teherán sigue atacando a su vez con misiles y drones a los países del Golfo Pérsico, especialmente las bases estadounidenses en sus respectivos territorios. Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí han asegurado haber interceptado varios ataques esta madrugada. También Kuwait, donde, por la mañana, un ataque con drones tomó como blanco la base Ali Al Salem, de uso conjunto estadounidense e italiano. Según el ejército del país europeo, un dron impactó contra un refugio utilizado por la Fuerza Aérea Italiana, sin causar muertos ni heridos.
En esta jornada se ha conocido también que un fragmento de un misil iraní, presumiblemente interceptado por las defensas aéreas israelíes, impactó el sábado en el edificio de viviendas donde reside el cónsul de Estados Unidos en Jerusalén, según ha informado el diario israelí Haaretz.
La guerra psicólogica tampoco amaina. Después de que el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Heghseth, afirmara el viernes que el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, estaba “herido y probablemente desfigurado”, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchí, lo ha desmentido en una entrevista con el diario Al Araby Al Jadeed. Jameneí está “en buen estado de salud” y “con el control total de la situación”, ha afirmado el ministro. El líder iraní no ha aparecido en público desde el inicio de los bombardeos de EE UU e Israel el pasado 28 de febrero.
Araghchí también ha enfriado la esperanza de un pronto final de la guerra. Aunque ha dicho que su país dará la bienvenida a cualquier “iniciativa regional que lleve a un final justo de la guerra”, ha señalado que no hay aún “ninguna iniciativa concreta sobre la mesa” en ese sentido.
Medios iraníes han informado de que decenas de personas han sido arrestadas, acusadas de espiar para Israel al compartir con la inteligencia de ese país la ubicación de instalaciones militares y de seguridad. Aunque es cierto que se cree que la inteligencia israelí dispone de una vasta red de espionaje en Irán, el pasado junio esa acusación ya se utilizó como pretexto para detener a cientos de personas en Irán, según denunciaron ONG de derechos humanos.
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