La visita del «profesor» Pedro Sánchez a la Harvard del Partido Comunista Chino

<p>En el noreste de Pekín, encajada entre el Palacio de Verano, antiguo refugio estival de la corte imperial, y un mega parque tecnológico, la Universidad de Tsinghua ha pasado de ser una escuela técnica inspirada en modelos occidentales a convertirse en una de las universidades más prestigiosas de China. Fundada en 1911, es un centro de excelencia académica que concentra el liderazgo en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Pero no es solo un semillero de ingenieros y científicos;<strong> es también el mayor vivero de poder político.</strong></p>

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 En la Universidad de Tshinghua estudió Ingeniería Química el presidente chino Xi Jinping, obteniendo también un doctorado en teoría marxista  

En el noreste de Pekín, encajada entre el Palacio de Verano, antiguo refugio estival de la corte imperial, y un mega parque tecnológico, la Universidad de Tsinghua ha pasado de ser una escuela técnica inspirada en modelos occidentales a convertirse en una de las universidades más prestigiosas de China. Fundada en 1911, es un centro de excelencia académica que concentra el liderazgo en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Pero no es solo un semillero de ingenieros y científicos; es también el mayor vivero de poder político.

En esta universidad se forjan las conexiones que luego se trasladan hasta lo más alto de Zhongnanhai, el cuartel general del gobernante Partido Comunista (PCCh). Aquí estudió Ingeniería Química el líder supremo Xi Jinping, obteniendo también un doctorado en teoría marxista.

Por esta universidad han pasado varios presidentes, primeros ministros y peces gordos del poderoso Politburó, la elite gobernante, consolidando su reputación como una especie de «Harvard del Partido Comunista». Un lugar en el que, a pesar de su ADN puramente técnico, la cercanía entre los claustros y los órganos del poder hace que Tsinghua funcione como un eje estratégico: muchos estudiantes que emergen de sus aulas terminan tejiendo redes de influencia que perdurarán décadas.

El presidente español, Pedro Sánchez, que se encuentra de viaje oficial en China, ha visitado este lunes el campus principal de Tsinghua acompañado de su esposa, Begoña Gómez. Allí, tras un discurso delante de los estudiantes, se ha reunido con un grupo de académicos de prestigio, algunos de ellos asesores también del Gobierno chino.

En la China actual, el poder suele hablar el lenguaje de las ecuaciones. A diferencia de élites políticas occidentales moldeadas en facultades de Derecho o Políticas, buena parte de los actuales dirigentes del país han pasado por aulas de ingeniería, física o química. Figuras como Xi, o el ex presidente Hu Jintao, comparten ese origen tecnocrático. Y esto es el resultado de un proceso histórico que se consolidó tras las reformas del líder aperturista Deng Xiaoping, cuando el PCCh decidió que la modernización del país debía estar en manos de perfiles capaces de construirla, literalmente, desde los cimientos.

Esta universidad ha sido tradicionalmente un terreno fértil de camarillas políticas del PCCh, redes internas donde la lealtad y las conexiones familiares determinan carreras en la élite del régimen. Y la influencia de Tsinghua se extiende incluso más allá de China: ex alumnos ilustres ocupan posiciones relevantes en organismos internacionales y en grandes empresas tecnológicas estadounidenses.

En el terreno científico y tecnológico, sus laboratorios lideran investigaciones en inteligencia artificial, semiconductores, energías renovables y física aplicada. El prestigio académico se combina con el objetivo de convertir la innovación en ventaja competitiva global. Cada proyecto refleja la visión de un país que entiende la ciencia y la tecnología como extensiones de su poder económico y geopolítico.

Muchos de los profesores e investigadores de Tsinghua también ocupan un asiento de peso en la Academia China de Ciencias (CAS, por sus siglas en inglés), el principal centro de investigación y pensamiento científico del país, una maquinaria de innovación que articula desde la física cuántica hasta la IA, pasando por las energías renovables y la biotecnología.

El presidente Sánchez ha visitado también las instalaciones del CAS, donde ha sido presentado como «profesor Sánchez» tras recibir una cátedra honorífica de la universidad asociada a este centro. Un título que han recibido varios Premios Nobel y también el príncipe Andrés, duque de York, ahora repudiado por sus vinculaciones con el caso Epstein.

El CAS cuenta con una red extensa que gestiona más de 100 institutos distribuidos por todo el país, con decenas de miles de investigadores en plantilla, muchos de ellos líderes mundiales en sus campos. En una nación donde la investigación científica está estrechamente vinculada a la política de Estado, la CAS actúa como columna vertebral del desarrollo tecnológico y científico.

Uno de los proyectos desarrollados por los investigadores del CAS y que Sánchez quiere llevar a España es el primer robot de reproducción basado en IA del mundo para la polinización híbrida, que espera que mejore significativamente el rendimiento de los cultivos.

En su visita al centro, Sánchez también ha conocido uno de los proyectos del CAS en que participan instituciones españolas: el Einstein Probe, una misión espacial que busca fenómenos cósmicos como explosiones de rayos gamma, agujeros negros o estrellas de neutrones mediante un innovador sistema de óptica inspirado en las ideas de Albert Einstein. Lanzado en 2024, el satélite es capaz de escanear grandes porciones del cielo en tiempo real.

Uno de los programas espaciales más conocidos que se han desarrollado en el CAS es el satélite cuántico Micius, lanzado en 2016, que convirtió a China en pionera en comunicaciones cuánticas desde el espacio, permitiendo el envío de información cifrada prácticamente imposible de interceptar. A partir de este satélite, los investigadores han impulsado redes de comunicación cuántica entre ciudades del país, sentando las bases de una futura internet cuántica con implicaciones enormes en ciberseguridad y defensa.

En el ámbito de la exploración espacial, el CAS ha jugado un papel clave en misiones como Chang’e 4, la primera en lograr un alunizaje en la cara oculta de la Luna.

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