<p>Apple lleva ya varias generaciones refinando su idea de portátil profesional y el MacBook Pro con los nuevos procesadores M5 Pro y M5 Max se sienten en cierta forma como la cima de ese esfuerzo. No cambia el envoltorio de forma radical, no reinventa el teclado ni la pantalla, pero tampoco necesita hacerlo, de momento.</p>
El último portátil profesional de Apple es un equipo sobresaliente que combina potencia bruta, los últimos avances para ejecutar de forma local herramientas de inteligencia artificial y una buena batería
Apple lleva ya varias generaciones refinando su idea de portátil profesional y el MacBook Pro con los nuevos procesadores M5 Pro y M5 Max se sienten en cierta forma como la cima de ese esfuerzo. No cambia el envoltorio de forma radical, no reinventa el teclado ni la pantalla, pero tampoco necesita hacerlo, de momento.
Los rumores apuntan a que a finales de 2026 Apple mostrará una nueva generación de MacBook con pantalla OLED que será el comienzo de una nueva era para estos portátiles. Pero mientras llega ese momento, la clave, este año, está en el interior. Estos equipos tienen un procesador mucho más ambicioso, con una nueva arquitectura interna. Es un año, ademas, en el que las diferencias entre los M5 Pro y M5 Max son menores. La mayoría de configuraciones comparten la misma CPU de 18 núcleos. La diferencia real queda desplazada al terreno gráfico, la memoria y el ancho de banda.
Durante los últimos días he podido probar uno de ellos, el nuevo MacBook Pro con el chip M5 Pro de 18 núcleos de CPU. Pero estos 18 núcleos, los mismos que se encuentran en un M5 Max, se reparten de una forma un poco diferente a la de generaciones anteriores.
Hasta ahora Apple hablaba de núcleos de «eficiencia» (menor consumo y menos capacidad de cálculo) y de «rendimiento» (más consumo y más capacidad de cálculo). Con los años, los núcleos de eficiencia han ido ganando en prestaciones, hasta el punto que hoy en día son capaces de realizar la mayoría de tareas que se podrían pedir a un portátil, a menudo con más soltura que la que tenían los núcleos de rendimiento en generaciones anteriores. Para actualizar la nomenclatura, Apple ahora habla de «supernúcleos» para los núcleos de más carga de trabajo y «rendimiento» para el resto y que, a pesar de su nombre, pueden ser también muy eficientes.
La CPU de los nuevos MacBook cuenta con 6 supernúcleos y 12 núcleos de rendimiento (aunque hay un modelo más económico de M5 Pro que tiene 15 núcleos, 5 supernúcleos y 10 de rendimiento). Sobre el papel, Apple habla de hasta un 30% más de rendimiento frente al M4 Pro y de hasta 2,4 veces más que un M1 Pro en tareas como compilación de código. Son cifras de laboratorio que dependen bastante de la app elegida pero encajan con la sensación que me ha dejado el portátil en estos primeros días. Construir el mismo proyecto de Xcode de una aplicación relativamente compleja que uso para pruebas ha llevado a este portátil 77 segundos, frente a los 96 de un MacBook Pro M4 Pro. No es una comparación fácil de hacer por las diferencias en la distribución de tipos de núcleos, pero da una idea de lo que cabe esperar con el salto de generación.
En mis pruebas sintéticas, los nuevos supernúcleos vienen a ser un 10% más potentes que los núcleos de rendimiento de la generación anterior y en multinúlceo este chip es entre un 10 y un 15% más rápido
Lo interesante es que Apple no vende aquí solo más velocidad, sino una nueva organización interna del chip. La compañía la ha bautizado como «Fusion Architecture» y permite empaquetar mejor la CPU, GPU y el resto de controladores en un único SoC. Este diseño debería permitir a Apple escalar mejor las diferentes generaciones de chips a partir de ahora y simplificar el proceso de fabricación.
Es lo que permite, también, que tanto el M5 Pro como el M5 Max comparten CPU pero tengan diferentes capacidades gráficas. Los M5 Pro se pueden configurar con hasta 20 núcleos gráficos. Los M5 Max, con hasta 40 y se benefician también de mayor ancho de banda para la memoria. En la máquina que he probado, los 64 GB de memoria unificada alcanzan una velocidad de 307 GB/s, mientras que el M5 Max puede configurarse con hasta 128 GB a una velocidad de 614 GB/s.
Durante años, parte del atractivo del procesador más caro estaba también en acceder a la CPU más potente. Ahora ya no. La segmentación es más clara y, en cierto modo, más honesta. Pagas más si necesitas más GPU, más memoria y más ancho de banda, no simplemente por miedo a quedarte corto. Eso simplifica mucho la compra y convierte al M5 Pro en la configuración con mejor equilibrio, creo, de toda la familia.
Donde Apple también está acelerando con estas máquinas es en el discurso de la IA local. Las nuevas GPU tienen aceleradores neuronales en cada núcleo y suponen un salto bastante grande frente a generaciones anteriores. Ofrece casi 4 veces más rendimiento en tareas de IA que los M4 Pro y Max y hasta 8 veces más que los M1 Pro y Max en determinadas cargas, además de la posibilidad de acelerar también el entrenamiento local de modelos.
La arquitectura de memoria unificada que Apple estrenó con los procesadores M ha ayudado a posicionarlos como los mejores ordenadores para inferencia local y es donde Apple ha encontrado un vector de crecimiento ahora que el resto de tareas creativas, como edición de vídeo o música, son posibles en máquinas menos potentes. Son máquinas muy buenas también en para juegos. No sólo tienen bastante potencia gráfica sino que pueden entregarla sin calentarse demasiado, funcionando con batería y sin un ruido excesivo, algo que no es habitual en portátiles diseñados para gaming. Es un mercado en el que el Mac, como plataforma, aún tiene que andar mucho pero el potencial está ahí.
A la sensación general de velocidad en estas maquinas también ayuda el almacenamiento. Apple asegura que el SSD de los modelos con M5 Pro y M5 Max es hasta dos veces más rápido que en la generación anterior. En mis pruebas, han alcanzado hasta 12 GB/s en lectura y escritura secuencial. Además, todos los MacBook Pro arrancan con 1 TB, y el M5 Max puede configurarse hasta 8 TB. Son mejoras menos vistosas que un nuevo chip, pero en el día a día profesional se notan mucho.
El resto del portátil sigue siendo, en esencia, el gran MacBook Pro moderno. Una pantalla Liquid Retina XDR excelente, opción de nanotextura para reducir reflejos, cámara de 12 megapíxeles con Center Stage y Desk View, muy buen sistema de altavoces, buen conjunto de micrófonos y buena conectividad ahora con soporte para WiFi 7. Los modelos con M5 Pro y M5 Max incluyen también tres puertos Thunderbolt 5, HDMI, lector SDXC, MagSafe 3 y jack de audio.
Otro detalle es que este año el MacBook Pro llega acompañado de una nueva hornada de monitores más avanzados. No es una característica del portátil en sí y sólo he podido probarlos brevemente, pero forman parte del ecosistema que Apple está construyendo alrededor de estas máquinas. La compañía presentó la semana pasada un nuevo Studio Display y un Studio Display XDR con panel 5K Retina XDR de 27 pulgadas, retroiluminación mini-LED con más de 2.000 zonas de atenuación, hasta 1.000 nits en SDR, 2.000 nits pico en HDR y refresco de 120Hz con Adaptive Sync. Son algo caros (en especial el modelo de entrada, que sigue limitado a 60 Hz), pero muy bien diseñados y con excelente color.
El MacBook Pro con M5 Pro y M5 Max puede manejar hasta dos Studio Display XDR 5K a 120 Hz con una sola conexión Thunderbolt 5, y hasta tres pantallas externas en el caso del Pro o cuatro en el Max. Para fotógrafos, editores, desarrolladores o cualquiera que trabaje muchas horas delante del ordenador, esto hace que el portátil tenga aún más sentido como núcleo de un escritorio serio.
AUTONOMÍA
La autonomía sigue siendo otro de sus argumentos fuertes. Apple habla de hasta 24 horas de vídeo en streaming en el modelo de 16 pulgadas y hasta 22 horas en el de 14, además de carga rápida hasta el 50% en 30 minutos con el adaptador adecuado. Como siempre, son cifras optimistas y dependen mucho del uso real, pero el dato importante no es tanto el número exacto como la tendencia que Apple mantiene de alto rendimiento sin apenas ruido (aunque en cargas de trabajo altas el ventilador se escucha más que el del MacBook Pro con M5) y con buena autonomía.
Eso sí, al igual que el MacBook Pro con M5 del año pasado y el resto de portátiles a partir de este año, los MacBook Pro de esta generación no tienen cargador en la caja. Por ley, en Europa, no puede estar incluido en el dispositivo a partir del mes de abril. En modelos con M5 u ordenadores como el MacBook Air o el Nuevo Macbook Neo puede no importar mucho porque un cargador rápido de móvil suele ser suficiente para cargarlos, pero en máquinas profesionales es habitual usar cargadores de mayor potencia, sobre todo si se quiere que el portátil trabaje a pleno rendimiento sin recurrir a la batería. Si no tienes uno de 60 vatios o más por casa, toca comprarlo.
Al final, los nuevos MacBook con chip M5 Pro y M5 Max refuerzan justo lo que hace valioso a un MacBook Pro. Son potentes, eficientes, con buena pantalla, bien nutridos de puertos y con una integración muy bien pensada con el resto del ecosistema profesional. El modelo con procesador M5 Pro arranca en 2.549 euros para el modelo con 14 pulgadas de pantalla. El modelo con M5 Max arranca en 4.249 euros. Ambos se pueden reservar ya estarán disponibles el próximo 11 de marzo.
Tecnología
