De mala gana, con las cortinas de la melena echadas hacia delante y el gesto difícil, el empresario Javier Hidalgo, hijo del ex propietario de Air Europa y ex consejero delegado él mismo (mucho ex para tan buenos beneficios), se acogió a la moda de no declarar en su segunda visita al Senado. El pasado martes sí abrió el pico en el Tribunal Supremo, pero en la Sala Clara Campoamor reclamado por la comisión de Investigación sobre la gestión de la SEPI en relación al rescate de la compañía leyó unas líneas que remataban en seco. «Me acogeré al derecho a no declarar y no contestaré a sus preguntas».
La comparecencia en el Senado de Javier Hidalgo Jr., ex CEO de Air Europa, por el rescate del Gobierno a la aerolínea reconfigura el ser español
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De mala gana, con las cortinas de la melena echadas hacia delante y el gesto difícil, el empresario Javier Hidalgo, hijo del ex propietario de Air Europa y ex consejero delegado él mismo (mucho ex para tan buenos beneficios), se acogió a la moda de no declarar en su segunda visita al Senado. El pasado martes sí abrió el pico en el Tribunal Supremo, pero en la Sala Clara Campoamor reclamado por la comisión de Investigación sobre la gestión de la SEPI en relación al rescate de la compañía leyó unas líneas que remataban en seco. «Me acogeré al derecho a no declarar y no contestaré a sus preguntas».
El turno de interpelación lo abrió el senador del PP Alejo Miranda de Larra, familia lejana de Mariano José de Larra (esto es así), y fue incordiando a Hidalgo con documentación de contratos, con millones de euros que vuelan en todas direcciones como para echar mano de la biodramina, con la deuda de Air Europa -la aerolínea recibió un rescate de 475 millones de euros durante la pandemia-, con el nombre repetido de Begoña Gómez. Un festival. Y así hizo saltar ligeramente de la silla al interrogado y éste aparcó por unos segundos, mosqueadísimo, el voto de silencio.
Miranda le había puesto varios cortes de voz como quien le presenta a otro el Spotify con psicofonías que llevaba guardadas en el móvil, acercó delicado el aparato hasta el micrófono y los dejó caer inmensamente, como caen los pétalos del tiempo según el poeta Pablo Neruda. En ellos, advirtió Miranda, hay contradicciones bajo juramento. Incluso un presunto delito. Le preguntaban los abogados por José Luis Ábalos, por Koldo García, por Víctor de Aldama. Miranda lo hizo por María Jesús Montero, por Calviño y demás tropa. También por Zapatero respecto a la deuda de Air Europa con Venezuela. Y por Maduro. Y otra vez Begoña Gómez. No saltaron de milagro las mascarillas de oxígeno por despresurización. A los ujieres de la Sala Clara Campoamor sólo les faltó ponerse ya los chalecos salvavidas. Un mogollón. Hubo lio, claro. Hidalgo se encampanó. Qué manera de taladrar con los ojos a Miranda, una mirada letal entre el calvario de un Cristo de Mena y el tío que más te puede odiar del internado. Esa manera de mirar deja a Clint Eastwood reducido al abuelito de Heidi.
Hubo invocación de la deuda de Air Europa otra vez. Miranda, en su segundo turno de preguntas, metió entonces a los españoles en faena. A todos los españoles, lo cual es una osadía teniendo en cuenta que algunos desconocen de qué va esta mandanga. «Bien que hablaban para pedir 475 millones a los españoles, pero hay que ver cómo callan cuando esos mismos españoles les reclaman el dinero». Como hablar de españoles a bulto intimida, Hidalgo rompió de nuevo el ayuno. «Quiero recordar al señor senador que la compañía ha devuelto 650 millones y otros 150 de intereses a lo que usted llama los españoles. Para que los españoles lo sepan». Ante algo así no hay español que no se mire las manos y se reconozca español. Aquí el careo adquirió una altura metafísica, tremenda, imprevista. Imaginé a sus señorías repasando la obra de Américo Castro y de Ortega y Gasset, que dijo esto: «Español significa para mí una altísima promesa que sólo en casos de extrema rareza ha sido cumplida». La rareza lo es hoy todo.
Como se suspendió la sesión, nadie pudo abundar un poco más en la víscera de nuestra raza. Hidalgo marchó derrapando y se despidió de los senadores levantando la mano izquierda a media altura como quien pide disculpas por pisar una toalla ajena en la piscina, con extremo desinterés por lo ocurrido.
Ábalos, Koldo, Aldama… Qué juego étnico da este tridente.
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