Después de eliminar a Austria en Los Ángeles, en dieciseisavos de final, un periodista escribió que, con esa victoria, España, su España, la España de Luis de la Fuente (Haro, La Rioja, 65 años) acumulaba 34 partidos consecutivos, oficiales, sin perder. Al rato, en el teléfono del periodista entró un Whatsapp: «Son 35». El seleccionador dice que no lee nada, pero algo lee. O se lo cuentan. De hecho, ese es uno de los principales cambios entre el tipo que llegó al cargo de puntillas, el 12 de diciembre de 2022, y el que ayer, 19 de julio de 2026, dirigió a España en el MetLife Stadium.
Llegó al cargo de puntillas y ha construido un equipo legendario. Y con futuro. Todo a partir de un golpe de suerte con 52 años y gracias al talento, la constancia y… la familia
Después de eliminar a Austria en Los Ángeles, en dieciseisavos de final, un periodista escribió que, con esa victoria, España, su España, la España de Luis de la Fuente (Haro, La Rioja, 65 años) acumulaba 34 partidos consecutivos, oficiales, sin perder. Al rato, en el teléfono del periodista entró un Whatsapp: «Son 35». El seleccionador dice que no lee nada, pero algo lee. O se lo cuentan. De hecho, ese es uno de los principales cambios entre el tipo que llegó al cargo de puntillas, el 12 de diciembre de 2022, y el que ayer, 19 de julio de 2026, dirigió a España en el MetLife Stadium.
La diferencia es que, al aterrizar, confesó leer, escuchar y ver todo lo publicado sobre la selección. Hoy, con menos tiempo, sigue atento a lo que se escribe, se dice y se muestra sobre un equipo al que ha llevado a un puerto impensable hace bien poco. «No se corta ni un pelo», dicen en las altas esferas de la Federación, las mismas que le renovaron el contrato hasta 2028, y se refieren con esa frase a que estamos ante un hombre amable, educado y buena gente que, detrás de esas maneras, esconde un animal competitivo capaz de tomar decisiones difíciles, o impopulares, o las dos cosas a la vez.
Por no irnos más atrás (llamó a Sergio Ramos para decirle que se olvidara de la selección, ignoró a Dani Ceballos porque no se adaptó al grupo, y eso que era uno de sus niños bonitos, ha dejado en casa a dos de los tres capitanes de la Eurocopa, Álvaro Morata y Dani Carvajal, sin siquiera titubear, etc…) basta repasar el presente Mundial para tomar conciencia de ese rasgo profesional. Después de comprobar cómo la apuesta inicial por Gavi terminó (entre otras razones) en tortazo contra Cabo Verde, el futbolista del Barça no ha vuelto a jugar si no unos minutos testimoniales. Cuando la situación de Pedri era ya insostenible viendo el empuje de Fabián Ruiz en los entrenamientos, sentó al canario. Ha mantenido a Pedro Porro, en racha, pese a la tentación de poner a Marcos Llorente contra Kylian Mbappé. Y de Mikel Merino…
Lo de Merino, hoy se puede contar, sólo tenía una condición. Debía jugar unos minutos oficiales antes de dar la lista para el Mundial. Merino apareció un rato en la última jornada de la Premier con el Arsenal y De la Fuente le citó, con el resultado conocido. Ha habido más, como conceder a los chicos muchas horas libres, muchos días, después de los partidos para que se aireasen, en contra del criterio de otros miembros de la expedición, que lo veían excesivo. Pero el seleccionador confía en sus jugadores, y ellos le devuelven esa confianza con una actitud irreprochable.
Al seleccionador le pasa lo que en su día ocurrió con Vicente del Bosque. Al madridista le tocaba especialmente las narices que le recordasen lo buena persona que era (y es), como poniendo eso por delante de los méritos deportivos. A De la Fuente, al principio, también, y todo porque hubo muchas bromas, y alguna burla, a su costumbre de llamar a los periodistas por su nombre antes de ofrecer la respuesta.
En este viaje de más de 50 días concentrados ha estado cómodo. Trazó un plan del que él hablaba con una firmeza ajena a las caras de susceptibilidad de sus interlocutores, en público y en privado. «Vamos a llegar bien a los días en los que hay que estar bien. Este equipo va a más», decía, tanto en las ruedas de prensa como en la cervecita y picoteo posteriores a cada entrenamiento en Chattanooga, una de las tradiciones irrenunciables de Luis y su cuerpo técnico.
Ex jugador de Athletic, Sevilla y Alavés, en 2013 se quedó en el paro. Llevaba ya bastantes meses y la cosa empezaba a estar fea. Tenía 52 años y a esa edad… El resto, es sabido. Fue ver el anuncio en Marca de que la Federación buscaba entrenador para los más jóvenes, fue leer aquella publicidad«de no más de dos o tres líneas en las últimas páginas», de coger el teléfono y marcar el número de Iñaki Sáez y pedirle ayuda para que contactara con la Federación, donde ya no ejercía Fernando Hierro y donde Ginés Meléndez se ocupaba de esas cuestiones. Así arrancó la carrera que le ha llevado hasta aquí.
El palmarés se puede buscar en Google (un montón de títulos con las inferiores y estos con la absoluta) pero lo que no figura en Internet es la reivindicación constante de sí mismo. El 8 de junio, en Puebla, tras el último amistoso previo a la Copa del Mundo, otro periodista le preguntó qué cable pensaba él que le unía a Luis Aragonés y a Vicente del Bosque, los otros técnicos exitosos con España. A saber qué entendió de la pregunta, porque la respuesta fue un elogio hacia ellos pero, sobre todo, un elogio a sí mismo: «Nadie conoce la materia prima como la conozco yo».
El primer torneo que dirigió fue, allá por 2013, el Europeo sub’19. Cayó eliminado por la Francia de Rabiot y Laporte, qué cosas, y ninguno de sus chicos llegó a la absoluta. Dos años después tomó las riendas en otra Eurocopa sub’19, y allí ya figuraban Unai Simón, Rodri y Mikel Merino. En el Europeo sub’21 de 2019 reclutó a Fabián Ruiz, Dani Olmo y Mikel Oyarzabal. En la plata olímpica de 2021 se incorporaron a su proyecto nonato Eric García, Marc Cucurella, Martín Zubimendi y Pedri, este último ya con la absoluta de Luis Enrique.
Con la fuerza mental que dan los títulos, también ha ido dejando ver rasgos de su personalidad que al principio matizaba. Es católico (cada vez que va a Sevilla, aunque esté concentrado para un partido, visita la Basílica del Cachorro), taurino y orgullosísimo de ser español. Le gusta Julio Iglesias, y cuando la cosa va bien, como en la Eurocopa, alguna vez monta un karaoke en el hotel de concentración y canta Quijote.
Un detalle no menor. Sus futbolistas matan por él. Tal cual. Incluso los que no juegan. Quizá sea por frases como la que les soltó en el vestuario antes de salir a jugar la semifinal contra Francia: «Ellos son la mejor selección del mundo, pero nosotros somos el mejor equipo del mundo». Un equipo con dos palabras grabadas a fuego en sus cabezas: respeto y familia.
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