El presidente de China, Xi Jinping, ha presentado este viernes a su país como impulsor de un nuevo orden mundial para la inteligencia artificial (IA). En un discurso pronunciado en Shanghái durante la apertura de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC, por sus siglas en inglés), el líder chino ha defendido el desarrollo abierto de esta tecnología y ha reclamado una mayor participación de los países en desarrollo en la elaboración de las normas que determinarán su futuro. Su intervención ha servido para lanzar la Organización Mundial de Cooperación en IA, una iniciativa promovida por Pekín y cuyo acuerdo fundacional han firmado este jueves 29 países, entre ellos Rusia, Brasil, Indonesia y Pakistán.
Pekín lanza un organismo internacional con 29 países que aspira a influir en las reglas de esta tecnología y se perfila como polo alternativo al dominio de EE UU
El presidente de China, Xi Jinping, ha presentado este viernes a su país como impulsor de un nuevo orden mundial para la inteligencia artificial (IA). En un discurso pronunciado en Shanghái durante la apertura de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC, por sus siglas en inglés), el líder chino ha defendido el desarrollo abierto de esta tecnología y ha reclamado una mayor participación de los países en desarrollo en la elaboración de las normas que determinarán su futuro. Su intervención ha servido para lanzar la Organización Mundial de Cooperación en IA, una iniciativa promovida por Pekín y cuyo acuerdo fundacional han firmado este jueves 29 países, entre ellos Rusia, Brasil, Indonesia y Pakistán.
Xi ha calificado de “hito” el lanzamiento de la organización y la ha presentado como respuesta a la demanda del Sur Global de contar con mayor voz en la gobernanza de esta tecnología que, por ahora, se concentra en un reducido grupo de Estados y empresas, con Estados Unidos en cabeza. El nuevo organismo da forma institucional a la ambición de China de influir en las reglas internacionales de la IA y se perfila como contrapeso a las alianzas tecnológicas lideradas por Estados Unidos, especialmente la iniciativa llamada Pax Silica, que aglutina a una treintena de países y busca, entre otras cosas, asegurar cadenas de suministro para alimentar el desarrollo de la IA.
El nacimiento de la organización y el discurso de Xi han convertido el encuentro de Shanghái, tradicionalmente concebido como escaparate de los avances del sector, en un escenario más de rivalidad entre las dos mayores potencias del planeta por definir quién desarrolla la mejor tecnología, quién puede suministrarla al resto del mundo y bajo qué normas debe utilizarse. La cuestión es de importancia geopolítica capital dado el inmenso potencial de la IA.
China se presenta como defensora de una tecnología accesible y compartida, especialmente entre las economías emergentes, frente al modelo cerrado encabezado por Estados Unidos, que conserva una ventaja decisiva en inversión, capacidad informática y número de modelos punteros.

Sin mencionar directamente a Estados Unidos, Xi ha criticado la ampliación del concepto de seguridad nacional y las políticas que anteponen “la seguridad propia a la de otros países”. La alusión apunta a las restricciones estadounidenses a la exportación hacia China de los semiconductores más avanzados y a la maquinaria necesaria para fabricarlos. Pekín considera esos controles un intento de frenar su desarrollo, mientras que Washington los justifica por el posible empleo militar de esos componentes. El mandatario chino también ha advertido del riesgo de que la brecha tecnológica genere “nuevas injusticias históricas” y ha sostenido que la IA no debe convertirse “en el solo de un país”, sino en “una sinfonía de cooperación mundial”.
El contexto geopolítico
La iniciativa se inscribe en un contexto más amplio en el cual China busca sacar partido de los movimientos de unos Estados Unidos que se retiran del entramado de las instituciones internacionales que contribuyó de forma decisiva a crear y agrietan las alianzas que facilitaron la construcción de su hegemonía en las últimas décadas. Pekín trata de utilizar esos espacios que se abren para perfilarse como actor responsable, dispuesto a la cooperación multilateral, y defensor de los intereses de los países en vías de desarrollo.
En esa clave debe leerse la insistencia de Pekín en los modelos abiertos frente a los cerrados de Estados Unidos. Detrás de los planteamientos retóricos reside, por supuesto, el interés en proyectar influencia a través de la adopción de sus modelos, así como las tensiones que empiezan a asomar entre los discursos de apertura y algunos instintos restrictivos por razones de seguridad que están siendo considerados en la cúpula china, según ha reportado la agencia Reuters.
La Organización Mundial de Cooperación en IA es un paso más en la construcción por parte de China de entramados que, sin ser alianzas formales como las que ha configurado Estados Unidos en las últimas décadas, desarrollan redes de conexión entre Pekín y el resto del mundo, como la Iniciativa Global de Desarrollo, la de Seguridad o la de Gobernanza Global.
El plan de Xi
Xi ha articulado su propuesta en materia de IA en torno a cuatro grandes ideas: apertura e innovación, control de los riesgos, respeto a la diversidad cultural y fortalecimiento de la gobernanza multilateral, con Naciones Unidas como foro principal.
También ha anunciado que China ofrecerá durante los próximos cinco años 5.000 plazas de formación en IA para países en desarrollo, creará centros de cooperación con organizaciones como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), la Unión Africana o los BRICS, y desplegará sistemas chinos de alerta meteorológica inteligente en 30 Estados.

China cuenta con argumentos tecnológicos para sostener sus aspiraciones. La irrupción de DeepSeek a comienzos de 2025 alteró la percepción de que las empresas estadounidenses mantenían una ventaja muy difícil de recortar. Su modelo de razonamiento ofreció resultados competitivos y, según la compañía, fue desarrollado con menos recursos que los sistemas de sus rivales estadounidenses. Su lanzamiento provocó un terremoto bursátil entre las grandes tecnológicas de Estados Unidos y abrió un debate sobre si la carrera por la IA estaba hinchando una burbuja.
Desde entonces, empresas como Alibaba, ByteDance, Tencent, Moonshot AI o la propia DeepSeek han presentado modelos cada vez más potentes y baratos. Precisamente, Moonshot AI ha presentado este viernes el modelo Kimi K3, que la empresa ha descrito como el mayor modelo en abierto en cuanto a volumen de parámetros.
Aunque Estados Unidos todavía desarrolla más sistemas de primer nivel y concentra mucha más inversión privada, China encabeza el volumen de publicaciones, citas científicas, patentes y robots industriales instalados. Un informe del Instituto de Inteligencia Artificial Centrada en el Ser Humano de la Universidad de Stanford concluye que, en marzo, la diferencia en la clasificación Area entre el modelo estadounidense y el chino mejor puntuados era de apenas un 2,7%.

La escala del mercado interno de China constituye otro activo. Más de 600 millones de personas utilizaban IA generativa en China a finales de 2025, según cifras del Centro de Información de la Red de Internet de China citadas por la agencia AP. Estas herramientas se han incorporado rápidamente en vehículos, teléfonos, plataformas de comercio electrónico, fábricas y servicios cotidianos.
Pero el avance chino también tropieza con limitaciones. Aunque Huawei intenta construir una alternativa nacional a los procesadores de Nvidia, las restricciones estadounidenses dificultan que las empresas chinas accedan a la capacidad informática necesaria para entrenar los mayores modelos. Pekín ha acelerado la producción nacional de semiconductores, aunque sigue dependiendo de tecnología y maquinaria extranjeras en algunos de los tramos más complejos del proceso.
Por otra parte, aunque China reivindica en el exterior una IA “abierta” y “accesible”, mantiene un estricto control sobre la información que puede generar dentro del país. Los servicios de IA chinos ofrecidos al público están sujetos al mismo sistema de censura que el resto de internet. Las normas obligan a las empresas a respetar los denominados “valores socialistas fundamentales” y les impiden generar contenidos que cuestionen el poder del Estado, dañen la imagen del país o pongan en entredicho la versión oficial sobre asuntos políticamente sensibles.
Ese será uno de los obstáculos para que China convenza a otros países de que su modelo puede sustentar el orden internacional “justo y razonable” que Xi ha reclamado en Shanghái; el líder chino ha insistido en que la IA debe estar guiada por “la sabiduría humana y el consenso internacional”. La creación del nuevo organismo le proporciona ahora una plataforma para tratar de construir ese consenso, pero queda por comprobar hasta dónde está dispuesto Pekín a abrir esa tecnología cuando choque con sus propios límites políticos.
La WAIC combina foro político, encuentro académico y exposición empresarial y, esta edición, la novena, reúne a más de 1.100 empresas y 1.400 invitados internacionales. A la apertura ha asistido también el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, junto con varios jefes de Estado y de Gobierno.
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