Claves|La fórmula de Lula para lograr la histórica remontada en tres semanas

El veterano Luiz Inácio Lula da Silva, que este martes cumple 81 años, logró hacer realidad este domingo por la noche lo que hace tres semanas sonaba como un milagro o casi. Superada la conmoción que supuso quedar por detrás de Flávio Bolsonaro en primera vuelta, consiguió insuflar enormes dosis de esperanza y entusiasmo en sus fieles. Con ellos, construyó una remontada épica. Enmendó la estadística y la historia con una victoria inédita que le brinda un cuarto mandato. Doña Lindu, su madre, le enseñó a no rendirse nunca. Mientras no suene el pitido final, hay partido.

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 El presidente de Brasil llamó a la movilización general, abrazó una intensa campaña en redes sociales y estrenó su primer móvil para ganar a Bolsonaro  

El veterano Luiz Inácio Lula da Silva, que este martes cumple 81 años, logró hacer realidad este domingo por la noche lo que hace tres semanas sonaba como un milagro o casi. Superada la conmoción que supuso quedar por detrás de Flávio Bolsonaro en primera vuelta, consiguió insuflar enormes dosis de esperanza y entusiasmo en sus fieles. Con ellos, construyó una remontada épica. Enmendó la estadística y la historia con una victoria inédita que le brinda un cuarto mandato. Doña Lindu, su madre, le enseñó a no rendirse nunca. Mientras no suene el pitido final, hay partido.

Movilización inédita: 10 millones de nuevos votos

Lula ganó con 64 millones de votos, 10,4 millones más que el 4 de octubre (Bolsonaro logró tres millones extra). Su llamamiento a cada uno de sus votantes para que convenciera a los que se abstuvieron por desgana o por descontento funcionó. Millones de brasileños progresistas, temerosos de un Bolsonaro presidente con todo el poder, emprendieron la Operación Remontada para persuadir a sus parientes, vecinos, colegas de trabajo… La abstención disminuyó dos puntos. Los votos blancos y los nulos cayeron a mínimos desde la redemocratización, en 1988.

El sábado, en la mayor marcha de la izquierda en muchos años, en la avenida Paulista, de São Paulo, Eduardo, de 21 años, empleado en el sector de la tecnología, decía que había conseguido tres nuevos votos para Lula: dos de parientes y uno de un compañero de la empresa. Uno de ellos, de los realmente difíciles, de un bolsonarista.

Ícaro, arquitecto 34 años, es uno de los tres millones de electores que ignoraron la votación tres semanas atrás. “No voté porque creí que Lula iba a ganar en primera vuelta sin esfuerzo”, explicó este domingo tras votar por el 13 (el número del presidente) en São Paulo. “Cargo con esa culpa”, confesó. Vestía una camiseta de la selección de futbol —“porque es un símbolo de Brasil, como nuestra bandera”— y, pintada en el cuello, una estrella roja (emblema del Partido de los Trabajadores).

“Nuevededos” resucita al obrero

El debate televisado del viernes con el senador Flávio Bolsonaro era su última oportunidad para dar la vuelta al pronóstico. Aunque arrancó algo titubeante, no oía bien al adversario, demostró su habilidad ante un hiriente insulto —“nuevededos”— que le lanzó su rival. Agarró el guante y replicó indignado: “Me ha llamado nueve dedos. Quiero que sepa que, si alguien aquí sabe lo que es el mundo del trabajo, soy yo. Perdí el dedo con 17 años. Como era menor, o trabajaba de noche o no comía”.

Una sencilla frase para recordar a millones de compatriotas que se dejan la piel para sacar adelante a sus hijos que, antes de tener el despacho en un palacio en Brasilia o brillar en cumbres internacionales, él fue uno de ellos, un crío pobre, un emigrante, un tornero mecánico y un sindicalista que negociaba con el patrón en busca de mejoras colectivas. Hace mucho que convirtió el hueco que dejó el meñique en su mano izquierda en marca política. En el debate, aprovechó para recordar que Bolsonaro hijo solo ha trabajado de político.

Una formidable campaña digital

Tras el shock de la primera vuelta, el equipo de Lula emprendió una campaña formidable en redes sociales. Reclutó influenciadores, gente muy joven, con millones de seguidores, y brasileños de a pie que siguen vivos gracias a la sanidad pública, que disfrutan oportunidades inimaginables para sus padres o abuelos gracias a las cuotas universitarias… Y un diputado afín, André Janones, creó en WhatsApp el ejército de Lula, una tropa de 11 millones de internautas para la trascendental contienda.

En el discurso de la victoria, Lula expresó su agradecimiento al “general Janones” y al gobernador de Piauí, Rafael Fonteles, 41 años, matemático y coordinador de la estrategia de comunicación y el hombre que esta semana consiguió que Lula estrenara su primer celular. Hasta ahora, el mandatario izquierdista solo conocía el universo digital a través de su esposa o sus colaboradores. Ahora, lo lleva en el bolsillo.

No es perfecto, pero es el único capaz ahora

Los que rodean a Lula y él mismo enfatizaron, en la segunda fase de la campaña, el mensaje de que no hace falta que el presidente guste para votar por él. Caló la narrativa de que una emergencia nacional como el posible regreso de los Bolsonaro al poder —con el consiguiente peligro para la democracia y otras conquistas— requería pragmatismo. “¿Que no te gusta Lula? Sin problema; pero esta no es una elección más”, venía a ser la idea.

Muchos de los que salieron a buscar nuevos votos están a la izquierda del Partido de los Trabajadores de Lula, pero asumieron que solo un titán como él podía parar los pies a los Bolsonaro. “Somos críticos con el PT, pero ahora estamos en lo posible, en lo viable”, decía Julia Szöke, una estudiante de Historia que consiguió el voto de su madre. “No estamos aquí por Lula, sino contra una extrema derecha que secuestra nuestra camiseta y nuestra bandera”, decía Marttins, cantante y compositor de 23 años, el sábado en la Paulista. Llegando a votar, Fatima Aparecida da Silva Iocca, de 69 años, recalcaba: “Lula no es un santo, no es un ídolo, es un brasileño”.

Mensaje recibido, las lecciones de la elección

El ministro Guilherme Boulos, el encargado de la relación con los movimientos sociales, preconizaba humildad en un vídeo en Instagram con didácticas instrucciones para la Operación Remontada, un ABC para novatos. “No necesitamos querer convencer a nadie de que Lula le tiene que gustar, de que tenemos razón, sino expresar que conectamos con el sentimiento de cambio que la gente expresó en las urnas”.

Lula reconoció, ante una multitud eufórica, tras el triunfo que “nadie tiene la obligación de que le guste el presidente electo”. Prometió gobernar para todos y afirmó haber entendido el mensaje de las urnas. “Esa elección me dejó muchas lecciones. Puedo decir que vamos a cambiar la manera de gobernar este país. Vamos a hacer que el pueblo participe más de las decisiones”. El veterano estadista y líder de la izquierda mundial sigue abierto a seguir aprendiendo de sus compatriotas.

Medio siglo en política, siete elecciones

Lula ya solo viaja en avión presidencial o privado. No pisa restaurantes ni supermercados, solo casas de amigos. Pero conoce bien a sus compatriotas, en toda su diversidad, y los equilibrios de poder en un país tan desigual como Brasil. Pocos gobernantes demócratas atesoran una experiencia vital y política tan rica, diversa y dilatada.

Desde hace medio siglo la política brasileña orbita en torno a él. Perdió tres elecciones presidenciales antes de ganar dos, convertirse en un líder del Sur Global, ir a la cárcel con 72 años por segunda vez en su vida (la primera, en dictadura), resurgir y anotarse otro doblete presidencial. El martes cumple 81 años.

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