Cuando 40 hectáreas de salinas en el Parque Natural de Cádiz se vendieron por 10.000 euros

En los años 60 del pasado siglo se iba a destinar a la construcción de miles de viviendas, en el llamado Cádiz III
Sale a subasta un estero en Chiclana valorado en un millón de euros por menos de 100.000 En los años 60 del pasado siglo se iba a destinar a la construcción de miles de viviendas, en el llamado Cádiz III
Sale a subasta un estero en Chiclana valorado en un millón de euros por menos de 100.000  


Un estero en Chiclana se vende por menos de 100.000 euros, cuando su valoración llega al millón de euros. Este negocio, a priori interesante para el que esté interesado en esta operación se queda corta con la que se cerró en Cádiz en 2017.


En aquel momento, los propietarios de buena parte del suelo de Santibánez, en la curva de Torregorda, pusieron a la venta un inmenso terreno de 40 hectáreas en una zona de salinas, Preciosa y Roqueta, en pleno Parque Natural de la Bahía de Cádiz. La oferta incluía un molino de mareas del XVIII -conocido como del Arrierillo o de Santibáñez- y dos polvorines o casamatas del mismo siglo. Todo salió a la venta por 10.000 euros. Aunque el espacio a adquirir necesitaba de obras, algunas de urgencia, para evitar la pérdida del patrimonio histórico que atesoraba, la cifra era irrisoria, más viendo los costes del suelo en el término urbano.


Evidentemente, quien se hiciese con este suelo, evidentemente, no podía dedicarlo a la construcción de viviendas,sinoo a la recuperación de las salinas y todo este entorno virgen en un extremo de la capital gaditana. Y por eso lo adquirió un ingeniero isleño, Héctor Bouza, con la idea de convertir las salinas en una explotación de microalgas y el molino de mareas, en un complejo turístico y de ocio sostenible. Lo primero, tras cerrar la compra, fue rehabilitar el molino de mareas y convertirlo en un coqueto restaurante.


Estas 40 hectáreas estaban en manos de la sociedad Construcciones y Promociones de Viviendas Bahía de Cádiz SA. El terreno se adquirió a mediados de los años 60 del pasado siglo. En pleno boom inmobiliario y turístico en toda la costa española, los inversores querían levantar una ciudad en este suelo, reforzado también con rellenos en el saco de la Bahía. Llegaron a buscar promotores en países árabes y, aunque contaron con el decidido apoyo de los últimos ayuntamientos franquistas, la operación no salió adelante por el impacto que en el medio ambiente iba a ocasionar. Hay que tener en cuenta que este proyecto especulativo se unió en el tiempo a otros dos, uno privado y otro público, que bajo la denominación de Cádiz-III planteaba una ciudad de medio millón de habitantes en sus tres distritos. La presión del entonces combativo Colegio de Arquitectos, del naciente movimiento vecinal e, incluso, del voto contrario al plan del ministerio de Vivienda franquista, evitó esta operación inmobiliaria, que hubiera colapsado la ciudad y la Bahía.

 Diario de Cádiz – Cádiz

De info@cadizvibrante.com

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