Francisco Reina: «El Teatro Romano conectará de otra manera con la ciudad y el barrio»

El autor de la obra de ampliación del enclave romano y de la Casa Pinillos habla en el Colegio de Arquitectos de Cádiz de la restauración de la Fábrica de Artillería de Sevilla y reflexiona sobre la excesiva espera de los proyectos patrimoniales en l El autor de la obra de ampliación del enclave romano y de la Casa Pinillos habla en el Colegio de Arquitectos de Cádiz de la restauración de la Fábrica de Artillería de Sevilla y reflexiona sobre la excesiva espera de los proyectos patrimoniales en l  

Francisco Reina Fernández-Trujillo es el arquitecto gaditano que junto a Tomás Carranza ha firmado el proyecto que dará otro aire al Teatro Romano de Cádiz, cuya obra está a punto de arrancar tras una década de espera. Todo un experto en el diálogo con los edificios históricos, que trae al presente hasta brindarles una vida nueva. Así lo hizo con la Casa Pinillos, el Alcázar de Sevilla, el Castillo de Jimena y la Fábrica de Artillería en Sevilla, cuya transformación en un centro de industrias culturales ha sido objeto de la conferencia ofrecida en el Colegio de Arquitectos de Cádiz, con motivo de la entrega de los Premios Sánchez Esteve y Torres Clavé.

Pregunta.–La obra de ampliación del Teatro Romano de Cádiz está a punto de arrancar tras diez largos años de espera. ¿Qué supondrá?

Respuesta.–Es un proyecto que tiene una historia larga. Yo entré en 2017-18 para formar parte de un programa de ordenación que se ha prolongado mucho el tiempo. Se trata de una actuación muy importante y esencial, que le va a dar la vuelta a la percepción del edificio. Un edificio, la Posada del Mesón, originado ya en el siglo XVII como espacio para caballerizas que ahora se convierte en el argumento para enlazar con la ciudad contemporánea, y acceder al Teatro por un punto interesantísimo que, a su vez, es uno de los accesos principales al teatro: el aditus norte. Así que ahora se va a recuperar un poco el sentido del ambulacrum (galería), el arco completo, al recuperarse el tramo que faltaba, generando una entrada bastante más natural. El edificio se va a leer muy bien.

P.–Pongamos un supuesto. Si hubiera empeño político y dinero. ¿Qué otra obra le gustaría afrontar en el Teatro?

R.–Pues lo que requiere el edificio. Al Teatro le hace falta clarísimamente una intervención en el graderío, que se está degradando y es necesario acometer ya la consolidación de lo que ahora mismo vemos, y dejarlo en condiciones.

P.–El Teatro Romano se ha enfrentado a tiempos infinitos de espera. Desde la perspectiva de arquitecto gaditano que opera fuera, ¿qué cree que ocurre en Cádiz, pese al patrimonio tan potente que hay en la ciudad?

R.–No lo sé. No entiendo por qué pasa esto en Cádiz, es verdad que son diez años. Efectivamente, pasa lo mismo con muchas cosas, es complicado. A veces son otras instituciones las que empujan, que no es directamente. En el caso de la Fábrica Artillería en Sevilla, por ejemplo, es de la propia gerencia de Urbanismo, pero con ayuda europea, y al estar ligada a este plan ha ido relativamente rápido. Y en el Teatro ya hace diez años decíamos que hacía falta consolidar el graderío, por ponerte un ejemplo. Y aunque el patrimonio son siempre idas y vueltas, con interpretaciones y situaciones que uno va encontrándose que genera ciertos desfases, lo del Teatro es tremendo.

P.–Me voy a otro proyecto suyo, Casa Pinillos, que ha vuelto a la vida recientemente dotándose de contenido expositivo tras años cerrada tras su restauración. ¿Qué opina de que las operaciones no cuenten con un plan director que les dé continuidad?

R.–Pasa bastante. De hecho creo que el éxito del uso pasa por llevar parejo un plan de gestión. Un plan detrás para llenar y dotar los espacios, que ponga la maquinaria en marcha. Y en el caso de Pinillos también es terrorífico, pues se inauguró en 2011 y, desde entonces, ha permanecido años sin el uso previsto por un problema que ha sido de dotación, creo. La casa era un complemento estupendo del Museo de Cádiz con contenidos vinculados al Cádiz ilustrado, que pasaría a formar parte del recorrido expositivo. La propia casa sería un elemento expositivo por su arquitectura, y estaría dotada de piezas del Museo. La cuestión es que ya la museografía se quedó fracturada, pues se sacó del proyecto y no se adjudicó. Está hecha y está prevista, y parece que ahora la están reconsiderando otra vez. Así que son tan costosas las obras de rehabilitación que si no llevan esto aparejado, no tiene sentido. Porque Pinillos, además, acusa como una casa antigua, que requiere mantenimiento si permanece cerrada. Todo esto debe tenerse más en cuenta.

P.–Precisamente el Museo de Cádiz es otro de los espacios que lleva más de 20 años en cartera, la necesaria ampliación y adecuación

R.–Algo pasa en el engranaje. De todos modos estamos hablando de intervenciones que requieren mucha fuerza y voluntad política, que no depende solo de lo local.

P.–Claro, también depende del Ministerio

R.–El Ministerio ahora mismo está acometiendo una obra importante allí en Sevilla, en el Museo Arqueológico, con una inversión que puede ser similar a la del Museo, que a lo mejor es más complicado. Por eso, si de pronto aparece Pinillos puede ser una oportunidad para el Museo, para empezar el camino. Pero de pronto se fracturó.

P.–Sigo con su arquitectura, que está de actualidad en Cádiz. Lo último que se ha dicho para el edificio de Valcárcel, del que firmó el proyecto de Magisterio, es que podría ir la Facultad de Enfermería, también proyecto suyo

R.–Ganamos el concurso para convertir Valcárcel en Magisterio, sí. Un edificio que es una pieza ilustrada fantástica. Fue un proyecto con solvencia elevada, que supuso un esfuerzo para encajar los nuevos usos, que admitió bien, salió bien parado. Se hizo un esfuerzo importante por parte de la Universidad para encajar ahí el programa, que ya sabe que una facultad son mil departamentos, muchas funciones. Y la sorpresa fue cuando dijeron que ya no había inversión. Entraban varias administraciones para la inversión y esto provocó el cambio de uso.

P.–Pero ha dado otro giro hacia el uso universitario, de nuevo. ¿Es el más acorde?

R.–El uso universitario entraba bien. El edificio del antiguo hospicio tenía espacios que yo creo que eran perfectamente compatibles, pero igualmente lo hubiera sido con el uso hotelero. La cuestión es que después de tanto esfuerzo finalmente se modifique.

P.–Es que Valcárcel es otro de esos edificios que continúan en un limbo temporal

R.–Es una pena porque es un edificio magnífico, ya lo era a final del XVIII, cuando representaba una cierta modernidad, fue muy apreciado. Los habitantes siempre han estado orgullosos de él.

P.–Le pregunto por todos estos edificios gaditanos para llevarle a la Fábrica de Artillería de la que ha hablado en el Colegio de Arquitectos de Cádiz. Se trata de una operación referente a nivel de intervención patrimonial.

R.–Es un complejo muy grande, del siglo XVIII, con una enorme calidad arquitectónica. Nosotros intervenimos en una parte destinada a un centro de industrias culturales. Lo interesante es cómo se interpreta la estratificación histórica del edificio, sus distintas etapas, y cómo se añade una nueva capa contemporánea sin borrar las anteriores. E integrar estos espacios en la vida actual, que no queden anclados en el pasado. Ocurre igual con el Teatro Romano y es algo que nos emociona mucho porque activar la Posada del Mesón es conectarse con la ciudad actual de otra manera en la que el Teatro, de pronto, aparece más integrado en el barrio.

P.–En su papel del arquitecto de la interpretación de lo antiguo. ¿Qué es lo que debe tener presente y no puede pasar por alto?

R.–El sentido del tiempo. El trabajo con el tiempo en la arquitectura consiste, ante todo, en establecer una continuidad. Cuando intervienes en un edificio existente no partes de cero, interpretas lo que ya está ahí y lo traes al presente, generando un diálogo entre pasado y actualidad. Es fundamental ser consciente de las capas del edificio, de todo lo que ha acumulado y de lo que nos está contando. A partir de esa escucha, se trata de buscar una integración respetuosa, preservando su atmósfera y autenticidad. Mi papel es mantener esa integridad y dejar que tanto el edificio como la ciudad, como ocurre en Cádiz, marquen, en gran medida, la forma de intervenir.

 Diario de Cádiz – Cádiz

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