Jeanette Serritzlev (Copenhague, 47 años) lleva años estudiando cómo las guerras ya no se libran solo en el campo de batalla, sino también en el terreno de la información. Analista militar de la Real Academia de Defensa de Dinamarca y especialista en desinformación, guerra híbrida e influencia rusa, participó en el último panel ciudadano europeo sobre preparación ante crisis y emergencias como miembro del panel de expertos. Atendió a EL PAÍS en Bruselas en la última sesión para reflexionar sobre los riesgos a los que se enfrenta Europa, el papel de la ciudadanía en la construcción de sociedades más resilientes y la necesidad de prepararse para cualquier escenario.
La experta danesa, asesora del panel de expertos europeos en preparación ante crisis y emergencias, alerta de que la guerra ya es un riesgo real en Europa y los ataques híbridos, una realidad
Jeanette Serritzlev (Copenhague, 47 años) lleva años estudiando cómo las guerras ya no se libran solo en el campo de batalla, sino también en el terreno de la información. Analista militar de la Real Academia de Defensa de Dinamarca y especialista en desinformación, guerra híbrida e influencia rusa, participó en el último panel ciudadano europeo sobre preparación ante crisis y emergencias como miembro del panel de expertos. Atendió a EL PAÍS en Bruselas en la última sesión para reflexionar sobre los riesgos a los que se enfrenta Europa, el papel de la ciudadanía en la construcción de sociedades más resilientes y la necesidad de prepararse para cualquier escenario.
Pregunta. ¿Cómo ha cambiado la percepción del riesgo en Europa desde la invasión rusa de Ucrania?
Respuesta. Ha habido un cambio estratégico tanto a nivel político como entre la población, porque ahora la guerra es un riesgo y los ataques híbridos son una realidad.
P. ¿Qué significa ese vuelco para el concepto de preparación (preparedness, en inglés)?
R. La ciudadanía es más consciente de que necesitamos estar preparados para las crisis. Hay diferencias entre los países; yo conozco sobre todo el norte de Europa, pero desde la invasión a gran escala de Rusia en 2022 se ha producido un cambio en la evaluación de la amenaza y eso ha supuesto una llamada de atención también en materia de preparación. Ahora en todos los países nórdicos existen recomendaciones oficiales para que la población pueda ser autosuficiente durante 72 horas e incluso, en Suecia, durante una semana, por una cuestión geográfica.
P. Parece que ha tenido que llegar una guerra a las puertas de Europa para que las autoridades se pongan las pilas.
R. En la mayoría de los países europeos, los gobiernos no han dado prioridad ni a la defensa ni a la preparación ante crisis en la medida en que deberían haberlo hecho, porque confiaban en que el riesgo no fuera inminente. ¿Es eso positivo? No. ¿Es una forma bastante humana de pensar? Supongo que sí.
P. ¿Nota diferencias norte-sur, o este-oeste, entre los participantes del panel, que vienen de los 27 países de la Unión?
R. No tantas como pensaba. Creía que tendríamos a los españoles hablando de riesgos naturales y de los bálticos, de una guerra con Rusia, y dudaba de si se podría centrar el debate. Y resulta que, tras compartir sus experiencias, han llegado a un enfoque muy similar a la hora de buscar soluciones, y eso me parece muy interesante y muy positivo para la resiliencia europea en su conjunto. No hay unos países más centrados en la preparación y diciendo “queremos hacer más, deberíamos hacer más” y otra respondiendo: “Bueno, ya veremos qué pasa, seguro que se nos ocurre algo cuando llegue la crisis”.
P. ¿También los gobiernos han cambiado su perspectiva?
R. Tanto mis colegas como yo misma teníamos la impresión de que existía cierta reticencia de las autoridades a hablar de preparación porque no querían asustar a la población. Y evidentemente no se trata de alarmar, sino de ser transparentes sobre cuál es la situación: la amenaza militar procedente de Rusia, las amenazas híbridas rusas, pero también cualquier otro riesgo, ya sea una crisis migratoria, catástrofes naturales, la crisis climática…
P. Siempre habrá quien acuse de alarmista a un gobierno por informar a la población…
R. Suelo decir que, ojalá, nunca tengamos que enfrentarnos a una situación de guerra. Pero las crisis ya están aquí y seguirán llegando. Por eso no se trata de tener miedo, sino de estar preparados, porque si lo estamos seremos más fuertes y más resilientes cuando ocurra algo.
P. ¿Cómo de preparada está la población en su país?
R. Hace dos años, todos los ciudadanos daneses recibieron recomendaciones para ser autosuficientes durante 72 horas. Eso incluye, por supuesto, agua, alimentos, pilas, algo de dinero en efectivo, una radio de manivela y cosas por el estilo. Y en general la iniciativa fue muy bien recibida. Pero, si no recuerdo mal, menos de la mitad de la población ha comprado o reunido realmente lo necesario para esas 72 horas. En Dinamarca, como somos una sociedad que funciona muy bien, existe la sensación de que, pase lo que pase, todo seguirá funcionando. Lo positivo es que cada vez que se produce una crisis, aunque sea relativamente pequeña, vemos que aumenta el número de personas que siguen estas recomendaciones. Va creciendo.
P. Uno de los desafíos en preparación es la desconfianza en las autoridades. ¿Cómo se combate?
R. Esa es la pregunta del millón. Participar en este panel ciudadano y en estas tres sesiones me ha hecho matizar mi visión sobre la confianza. Vengo de un país en el que no hace falta estar de acuerdo con el Gobierno o con las instituciones para confiar en ellas en términos generales. La gente no cree que quienes trabajan en ellas lo hagan para perjudicar a la población.
P. Eso no ocurre en todas partes.
R. Sí, hay que admitir que en algunos países no siempre se puede confiar, por ejemplo, en que la policía esté ahí para ayudarte. Existen problemas de corrupción y otras dificultades, también dentro de la UE. Es una cuestión muy compleja. La confianza hay que ganársela. Puede parecer una respuesta tan básica que casi resulte obvia, pero pasa por hacer realmente lo que se dice que se va a hacer, ser lo más transparente posible y reconocer los errores cuando se cometen.
P. Los discursos populistas aprovechan las crisis para alimentar la desconfianza hacia las instituciones. ¿Cómo se puede combatir ese fenómeno?
R. En Dinamarca creo que hemos sido relativamente eficaces cuando las decisiones se han apoyado en amplios consensos parlamentarios. Por ejemplo, ocurrió con la participación en la misión de Afganistán y también con el apoyo a Ucrania. A menudo, el consenso político acaba reflejándose en un consenso entre la población. Puede que construir esos acuerdos lleve más tiempo, pero en cuestiones importantes contar con un amplio respaldo político es un elemento clave para lograr la aceptación ciudadana.
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