El FIT alza el telón en el Gran Teatro Falla con la mano férrea de ‘La reina brava’ que conquistó al público gaditano con una sátira política cruzada por las líneas maestras que sustentan la compañía
Programación completa del FIT de Cádiz 2026: espec El FIT alza el telón en el Gran Teatro Falla con la mano férrea de ‘La reina brava’ que conquistó al público gaditano con una sátira política cruzada por las líneas maestras que sustentan la compañía
Programación completa del FIT de Cádiz 2026: espec
En esta fábula sin héroes y rebosante de villanos, en este retablo de los vicios del género humano, en esta sátira política tan cruel como verosímil donde los personajes traspasan todos los límites posibles, en esta propuesta que es La reina brava, sólo Las Niñas de Cádiz son fieles a sus principios.
Y sería bien fácil no seguir el camino trazado, pero la obra que este 14 de octubre alzó el telón de la 41 edición del Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) de Cádiz respondió a las líneas maestras de una compañía que se niega a abandonar la raíz, el acento, su folklore, su cultura y, más difícil todavía, su gusto (diría que su compromiso) con esas fuerzas mitológicas que tejen los destinos en los textos clásicos.
Tarea meritoria sí, cuando abordan desde su idiosincrasia a Fedra y Medea (El viento es salvaje), a Las bacantes (Las bingueras de Eurípides), o a Aristófanes a través de su Lysistrata, pero realmente complicada cuando el punto de partida es un magnicidio real y contemporáneo –el asesinato en 2014 de la entonces presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, a manos de dos mujeres por una venganza personal– que, además, trasladan a un contexto medieval.
Entonces, esta historia sobre el abuso de poder, la prevaricación, el cohecho, la ambición, las cloacas de partidos y gobiernos y del sinvergonzonerío de alto standing patrio no sólo se vuelve atemporal sino que, en manos de la dramaturga Ana López Segovia (también directora y reina brava de la propuesta), se convierte en una excusa más para sublimar una manera de contar, la manera de contar particularísima de esta compañía.
Porque las tramas se urden por compás de tangos; las intrigas en octosílabos y endecasílabos; la muerte se presiente en coplas; y la solemnidad con la que en no pocas ocasiones se disfraza la villanía para engañarnos aquí se desenmascara con tanda de cuplés y desatando las lenguas con la franqueza, y a veces bajeza, del lenguaje del pueblo.
Está el espíritu del carnaval callejero, claro, pero también están las manos de las brujas, de las moiras, tejiendo destinos, aunque estas vengan avillarejadas en aspecto y más interesadas en el beneficio material en las formas. Están las apariciones shakespearianas –al Macbeth del bardo inglés citan sin complejos al final de la obra– y la ruptura de la cuarta pared con referencias metateatrales –“no es que sea malage, es que tengo que hacer otro personaje”–. Está el esperpento y está el descaro gaditano, que siempre va más allá de todo, más allá de lo correcto y de lo incorrecto.
La reina brava –tanto me gustaría contarles, pero hoy queda otra función–son tres actrices –López Segovia, Rocío Segovia y Alicia Rodríguez (y qué pena no tener a Alejandra López sobre escena)– entregadas a la comicidad y a la complicidad. Desatadas (como Segovia en su retahíla de insultos como dama de la reina o en sus puyas como bufón gaditano), equilibradas (la finísima Rodríguez como madre y como juglar), inteligentes (con el dibujo, sin caer en la caricatura, que López Segovia traza de esta reina cruel y con tara física) y, sobre todo, ante todo, fieles a sus principios.
Diario de Cádiz – Cádiz
