Los muchachos de la euforia

Ferran salió disparado a una esquina del campo y en la euforia del gol recién encajado hizo saltar de otro puntapié el banderín de córner. Estaba escribiendo un renglón de la historia de la mejor selección defútbol del mundo, una vez más, cuando de un disparo tremebundo sacudió la red del Dibu Martínez.

 Ferran salió disparado a una esquina del campo y en la euforia del gol recién encajado hizo saltar de otro puntapié el banderín de córner. Estaba escribiendo un  

Ferran salió disparado a una esquina del campo y en la euforia del gol recién encajado hizo saltar de otro puntapié el banderín de córner. Estaba escribiendo un renglón de la historia de la mejor selección defútbol del mundo, una vez más, cuando de un disparo tremebundo sacudió la red del Dibu Martínez.

Este equipo es la alegría de jugar, el gozo, el entusiasmo, la capacidad de sustituir la fuerza del músculo por el poder del entusiasmo. De seda los pies de acero. Estos tipos son la versión mejor de aquello que decía del fútbol el marxista italiano Antonio Gramsci: «Es el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre».

La bandera es una pelota movida por 11 chicos en representación de una democracia entera. La única vez en mucho tiempo que este país tan nuestro ha dado un alarido juntando las gargantas en la misma algarabía, unos «¡uy!» de espanto a las dos horas de partido, con los miocardios reventados, un unir las manos y darse abrazos gigantes porque entre todos buscamos lo mismo como país: celebrar en la misma dirección. Es feo decirlo así, pero hay que decirlo: otra de tantas maneras de meter cuchara en la historia. Así sí. Jugaron haciendo de las botas una aguja con la que convertir el cuero en filigrana.

Esta es la selección más diversa. Y la capitanea Luis de la Fuente, un tipo de La Rioja por el que nadie daba un duro y sin levantar la voz lo ha ganado todo con una formidable energía creadora. Ha empujado la selección hasta la mejor galaxia del deporte. Nadie ha podido parar esa tromba que bombea jugadores engranados como las piezas finísimas de los relojes y que tampoco sucumben cuando el aire huele a pólvora, como lograron los argentinos, soltando napalm por todos los poros.

Por unos días volverá el esplendor a las arcas de las plazas. Después de un invierno malo, y una mala primavera, este optimismo es heroico en un momento en que es difícil creer en demasiadas cosas. La euforia tiene mucho que vengar este verano.

Y qué momento el de esa levantá de la Copa del Mundo, cuando Trump, La Bestia, casi hace un caño a Rodri para levantar el trofeo colándose en la foto triunfal. Formidable verlo colgar a España, -la «ingrata», la «causa perdida», el «socio terrible»- más de 20 medallas de oro. Es un pedazo de traca.

No hay secretos en las mejores pasiones humanas. Si estas son auténticas suelen ser transparentes. Vivir este día a unos metros del Mediterráneo, compartiendo con gente a la que no conoces cualquier danza en la playa, ondear juntos camisetas, aullar en una misma frecuencia de onda, llorar, reír, desnudarse si es preciso. El aquelarre es extraordinario. Si este sigue siendo el opio del pueblo merece la pena dejarse embriagar, como pedía Baudelaire por otros asuntos.

Esta gente de la selección engrasa la fantasía.Qué más necesita una sociedad a esta hora de la noche, cuando todo está hecho unos zorros en el ánimo general. Aquí no cabe la política ni la suciedad de los días, porque esto va de 11 tíos manejando la pelota hasta detener por un rato el mundo. En esa quietud agitadísima crecen también algunos sueños y pasiones.

Podemos darle la vuelta a aquel verso mítico de César Vallejo y ponerlo de nuestra parte: «Alégrate España de tu propia España».

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