En abril, hace un suspiro para un atleta, a Marta García le dolía tanto la zona lumbar que tuvo que dejar de correr. Pararlo todo y volver a empezar. Con toda la temporada al aire libre por delante, con el amargo sabor de boca de una descalificación que nunca entendió en la final de 3.000 del mundial indoor de Torun. «Cuando volví a correr en mayo decía: ‘Qué es esto'», reconocía anoche en las entrañas del Alexander Stadium de Birmingham, con la plata continental colgada al cuello tras una carrera de esas que, cuando la vea en el futuro, se reconocerá en fondo y forma: así corría Marta García.
La española mejoró el bronce de hace dos veranos en Roma con una lección táctica en Birmingham: «Mi mente estaba preparada». Superó su descalificación en el Mundial indoor y una lesión lumbar en primavera.
En abril, hace un suspiro para un atleta, a Marta García le dolía tanto la zona lumbar que tuvo que dejar de correr. Pararlo todo y volver a empezar. Con toda la temporada al aire libre por delante, con el amargo sabor de boca de una descalificación que nunca entendió en la final de 3.000 del mundial indoor de Torun. «Cuando volví a correr en mayo decía: ‘Qué es esto'», reconocía anoche en las entrañas del Alexander Stadium de Birmingham, con la plata continental colgada al cuello tras una carrera de esas que, cuando la vea en el futuro, se reconocerá en fondo y forma: así corría Marta García.
Era pura felicidad la palentina, la reina absoluta del fondo nacional, toreando en la pista azulada con la bandera de España, la chica que aparcó su otra vida por la apuesta por el atletismo. «Es que es médico», subrayaba ya anochecido su agente, siempre en la sombra Miguel Ángel Mostaza, tras escuchar el himno italiano en honor a Nadia Battocletti, la única que pudo superar a Marta García en la final de 5.000 metros. Para poner en valor el ejercicio de inteligencia, tenacidad, paciencia y ambición que había llevado su pupila un rato antes. De experiencia a sus 28 años. Como preveía en la previa, una carrera desesperadamente lenta y un zarpazo de la favorita ante el que había que responder. «Sabía que era la rueda buena, pero era una rueda peligrosa. Tiene un cambio muy fuerte y hay que saber contemporizar. Tengo la suerte de conocerla bien. He jugado mis cartas. No me puedo pedir más», desvelaba.
No parecía fácil repetir el bronce de Roma 2024 después de la primavera de contratiempos de Marta. De una puesta a punto en la que apenas pudo competir, con el precedente de su quinto campeonato de España en Málaga de hace unos días. Menos aún superarlo, una plata que es consagración. Marta transformó esos inconvenientes en gasolina: «La preparación no ha sido la ideal, pero he sacado otras cosas. He sacado todo lo positivo. Motivada de decir hace tres meses no sabía si iba a estar aquí. Lo difícil era estar aquí después de todo lo que ha pasado».
En la intrahistoria de este subcampeonato de Europa que es un plus en el palmares de la atleta del OAC Athletic, está la mentalización. La noche previa, Marta, en el céntrico hotel de Birmingham de la delegación española, vio cómo Jakob Ingebrigtsen lograba un oro contra todo, un año después de su última competición, operado del Aquiles en febrero. Fue espejo para ella. «Tenía en mi cabeza dónde quería estar en cada momento. Lo he pensado mucho, lo he reflexionado con mi equipo (su entrenador Thomas Dreissigacker), con mi chico, que es ninja profesional y vemos muchas carreras juntos. Analizamos todas las cosas. Me inspiró el 5.000 de ayer. He vuelto a ver Tokio 2025. Mi mente estaba preparada», confesaba.
Emocionada también al hablar de su familia, presente en el estadio. «La medalla es de todos los que me acompañan. Este trabajo es muy egocéntrico, qué quiere comer la niña, qué necesita para entrenar… Y a veces te sientes un poco mal», pronunciaba con los ojos llorosos.
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