Las cuentas apenas cuadran, pero el Gobierno ruso se ve forzado a elevar aún más unos incentivos económicos que ya eran desorbitados para atraer nuevos reclutas al ejército. El Kremlin ha evitado durante cuatro años una segunda movilización forzosa gracias a los generosos salarios que ofrece por ir al frente de la guerra en Ucrania, pero el fondo de voluntarios no es infinito. Las negociaciones de paz que pretendía impulsar Donald Trump están en punto muerto y el tiempo también presiona a Rusia en su invasión del país vecino. La alternativa, el reclutamiento a la fuerza, podría ser un desencadenante de protestas dentro del país.
El Kremlin ofrece a sus nuevos reclutas condonar hasta 120.000 euros en deudas vencidas, entre otros beneficios
Las cuentas apenas cuadran, pero el Gobierno ruso se ve forzado a elevar aún más unos incentivos económicos que ya eran desorbitados para atraer nuevos reclutas al ejército. El Kremlin ha evitado durante cuatro años una segunda movilización forzosa gracias a los generosos salarios que ofrece por ir al frente de la guerra en Ucrania, pero el fondo de voluntarios no es infinito. Las negociaciones de paz que pretendía impulsar Donald Trump están en punto muerto y el tiempo también presiona a Rusia en su invasión del país vecino. La alternativa, el reclutamiento a la fuerza, podría ser un desencadenante de protestas dentro del país.
El presidente ruso, Vladímir Putin, ha firmado un decreto que condona las deudas vencidas a los nuevos reclutas y a sus familiares por un monto de hasta 10 millones de rublos (algo más de 120.000 euros al cambio actual). El único requisito es haber firmado un contrato con el ejército del 1 de mayo en adelante.
Putin aprobó una orden similar en noviembre de 2024. Sin embargo, esta vez viene acompañada de otros decretos —firmados a mediados de mayo— por los que concede a los militares preferencia en el empleo, en la atención médica y en la matriculación de sus hijos en guarderías, colegios y universidades. En resumen, más beneficios que nunca.
2.400 euros mensuales
Asimismo, los pagos por firmar un contrato con las fuerzas armadas han alcanzado cifras récord este año. Además de recibir un salario mínimo de 200.000 rublos al mes (unos 2.400 euros), los nuevos soldados del ejército ruso perciben una bonificación única a la que el Ministerio de Defensa aporta 400.000 rublos (4.800 euros).
Este pago extra lo complementa cada región según sus criterios para cubrir las cuotas de reclutas que les corresponden. Al menos una docena de provincias han elevado sus pagos entre un 50% y un 80% en el último mes y medio, según el diario independiente Mózhem Obiasnit. Así, la prima o bonificación media ronda los 1,47 millones de rublos (casi 18.000 euros), aunque en polos económicos como San Petersburgo ya alcanza los 4,5 millones de rublos (unos 54.000 euros). Como comparación, el salario medio ruso rondó los 73.400 rublos el año pasado (886 euros al cambio).
El aumento de los incentivos por alistarse contrasta con las dificultades del Gobierno para cuadrar el presupuesto público, a pesar de los ingresos extra por la crisis petrolera desatada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Si bien Rusia ha vendido petróleo más caro, elevando también los ingresos del Estado, el déficit público alcanzó el 2,5% del PIB en abril.
El presidente del comité de la Duma Estatal para la protección de la competencia, Valeri Gártung, lamentaba este lunes: “¿Qué vamos a hacer con el déficit? El año pasado fueron más de cinco billones de rublos, ahora cinco billones más. Unos 11 billones. ¿Qué hacemos? ¿Imprimir dinero como en 1992, cuando los precios subían un 30% cada semana?”.
Mientras haya recursos, sin embargo, Putin evitará como pueda un reclutamiento forzoso. El Kremlin se enfrentó a protestas por todo el país al acometer la única movilización obligatoria en septiembre de 2022, cuando Ucrania se sacudió la ofensiva inicial rusa. Hoy, sin embargo, asegura tener cubierto todo el frente. “Solo puedo decir que [el reclutamiento] avanza por delante de lo previsto. Estamos cumpliendo todos los planes formando nuevas unidades”, afirmaba a principios de abril el ministro ruso de Defensa, Andréi Belousov.
200 reclutas menos al día
Algunos analistas ponen en duda este optimismo. Basándose en datos presupuestarios, el analista militar Janis Kluge estimó una reducción del 20% del reclutamiento en el primer trimestre de este año respecto al mismo periodo del año anterior: supuestamente se ha pasado de alistar entre 1.000 y 1.200 militares al día en 2025, a apenas entre 800 y 1.000 en la actualidad.
Otras fuentes citadas por el diario ruso Viorstka también apuntan a que el ritmo de reclutamiento se ha ralentizado y a que los nuevos voluntarios son cada vez mayores. Un analista militar consultado por este periódico justifica que solo puede comentar las cifras oficiales antes de remarcar, poco convencido, que, en cualquier caso, en el frente no ha visto “carencias de personal”.
Según el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, 417.000 personas firmaron contratos con el Ministerio de Defensa en 2025 y otras 36.000 más marcharon a la guerra como voluntarios. La gran diferencia entre ambos, aparte del sueldo, es que una vez firman contrato están atados a Defensa.
216.000 muertos
La cuestión es si el ritmo de reclutamiento es suficiente para una guerra de atrición. La cadena británica BBC y el medio ruso independiente Mediazona tienen un equipo que confirma por distintos cauces cada muerte de un soldado ruso desde el inicio de la guerra. Según sus datos, al menos 216.205 combatientes rusos han perdido la vida hasta el 1 de mayo de este año, aunque estima que la cifra real puede rondar entre 332.600 y 480.500 muertos. A ellos habría que sumar los heridos irrecuperables para el frente, cuyos números suelen igualar o multiplicar los de fallecidos en cada conflicto.
La brecha salarial entre el ejército y el empleo civil ha sustentado el flujo de nuevos reclutas, los kontrátniki, en los últimos cuatro años. Sin embargo, la propaganda rusa no basta para ocultar la realidad del frente, especialmente la de las tropas de asalto, los shturmovikí, que pueden morir poco después de sellar su contrato. Por ello, las autoridades han enfocado sus últimas campañas de captación en las unidades de drones, supuestamente mejor resguardadas en el frente.
Los jóvenes son el principal objetivo de esta propaganda. No solo les edulcoran la dureza de la guerra como si fuera un videojuego, sino que también reciben presiones de sus profesores para ir al menos un año al frente. Según una filtración de los rectores universitarios, las autoridades han ordenado a más de 200 universidades y centros de estudios técnicos que alisten como mínimo a un 2% de sus estudiantes, lo que supondría unos 77.000 soldados más para una guerra que aniquila cada día cientos de vidas.
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