Ryan Fox y el espíritu de los All Blacks que conquista el Open en Birkdale

En 21 majors disputados, Ryan Fox jamás había logrado terminar uno entre los diez primeros, hasta hoy. Pero el neozelandés ha decidido hacerlo a lo grande, ganando el Open Championship en Royal Birkdale gracias a un putt de birdie en el hoyo 18 que agonizó muriendo en el borde izquierdo.

 Mala actuación de los españoles que no consiguieron meterse entre los aspirantes a la Jarra de Clarete  

En 21 majors disputados, Ryan Fox jamás había logrado terminar uno entre los diez primeros, hasta hoy. Pero el neozelandés ha decidido hacerlo a lo grande, ganando el Open Championship en Royal Birkdale gracias a un putt de birdie en el hoyo 18 que agonizó muriendo en el borde izquierdo.

Fox todavía no se creía su gesta. Es el triunfo de un golfista de perfil medio, casi cuarentón, un trotamundos forjado en los cinco continentes. El número 56 del mundo se ha convertido en el tercer neozelandés de la historia en ganar un major de golf. Atrás quedan los triunfos de Sir Bob Charles, primer zurdo en ganar un grande, el Open de 1963, y Michael Campbell, protagonista del US Open de 2005.

Una parte muy importante del crédito de la victoria de Fox la tienen los 62 golpes del sábado, un récord de puntuación en majors que le permitió salir hoy domingo dos por detrás del líder del torneo, Sam Burns. El desenlace fue una batalla apasionante donde Royal Birkdale adquirió un protagonismo notable. El viento, las polvorientas calles y los irregulares greenes castigaron las opciones de unos y otros y premiaron a los más certeros.

Parecía Cameron Young predestinado a quitarse su etiqueta de mejor jugador del mundo sin majors y llegó el norteamericano a recuperar siete golpes de desventaja para liderar el Open Championship. No conocía el torneo una remontada así desde el final de Carnoustie en 1999, donde Paul Lawrie compensó una desventaja de 10 golpes. Young no pudo culminar su gesta y, con bogey en el 18, dejaba la vuelta del día con 64 golpes y un -9 en la Casa Club, que por momentos pareció ser suficiente para levantar la Jarra de Clarete. Pero no fue así.

Pero Foxy, así le llaman todos en el circuito, sacó los genes competitivos de su abuelo, reputado jugador de críquet, y su padre, Grant Fox, estrella de los All Blacks. Desde el hoyo 13 y hasta el 18 acumuló cuatro birdies y un bogey. Definitivos fueron los dos últimos para cerrar el día con 68 golpes y el torneo en -10.

Jon Rahm tropezó con la misma piedra en apenas 24 horas de diferencia: la salida desde el tee del hoyo 1 de Royal Birkdale. Si el sábado su desviado drive de salida terminó en el fuera de límites de la derecha, hoy domingo la bola fue aún más holgadamente al área de penalización. El de Barrika, que ya estaba advertido con un aviso, contuvo su rabia y la canalizó con el guante, que hizo trizas tras el errado golpe inicial.

La crónica de las posibilidades de victoria española terminó aquí. La posibilidad de remontada se esfumó, como las victorias en grandes en este 2026. De las cuatro grandes citas, pasó con más pena que gloria por el Masters y este Open, falló el corte en el US Open y peleó el PGA Championship hasta acabar segundo. Nos hubiera gustado contar las sensaciones del protagonista, pero tras firmar un doble bogey en el 18, Rahm cerró el torneo con +4 y, a través de su agente, declinó hacer cualquier declaración a la prensa desplazada a Royal Birkdale.

Con el par del campo y empatados con Rahm en el 46, concluyeron también los otros dos españoles supervivientes. Eugenio Chacarra dejó las mejores sensaciones gracias a una ronda de -1, el único de los nuestros que logró ganar al campo en la ronda definitiva. Los 18 hoyos de hoy para Josele Ballester, al lado del número uno, Scottie Scheffler, fueron todo un regalo, pese a los 73 golpes del español, que se quedaba con la serenidad del norteamericano.

Arrancó Scheffler con dos birdies consecutivos y llegó a meter el miedo en el cuerpo a todos sus rivales en defensa de su título conquistado el año pasado. En el 17 se dio la última oportunidad con un birdie imposible tras enviar su bola a una grada de público, considerada en golf como una obstrucción temporal inamovible, lo que da la posibilidad al jugador de aliviarse sin penalidad. «No me extrañaría que hubiera jugado ahí a propósito», apuntaba hoy su compañero Josele Ballester.

Tras el dropaje, sacó el birdie y se colocó con -8. Una salida desviada de Scheffler en el 18 le complicó tanto la posibilidad de birdie que finalmente tuvo que conformarse con terminar con bogey. Otro buen intento del dominador del golf, que este año se va de vacío en los majors. No fue suficiente el apoyo del publico local para aupar a Tommy Fletwood (-7) y decepcionante fue el final de torneo del polémico Bryson DeChambeau (-4), o Rory McIIroy (-1).

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