Durante casi dos décadas, los rivales de Samsung han sido otros fabricantes de teléfonos móviles. Esa etapa está terminando. Las compañías de inteligencia artificial, con OpenAI a la cabeza, preparan sus propios dispositivos, y la pregunta que sobrevuela la industria desde hace un año es si el hardware seguirá siendo un negocio o pasará a ser sólo el envoltorio de la inteligencia que provean otros.
El máximo responsable de la división de dispositivos ve un futuro de muchos tipos de producto y experiencias, pero anclado a la información personal del usuario y con el teléfono como eje
Durante casi dos décadas, los rivales de Samsung han sido otros fabricantes de teléfonos móviles. Esa etapa está terminando. Las compañías de inteligencia artificial, con OpenAI a la cabeza, preparan sus propios dispositivos, y la pregunta que sobrevuela la industria desde hace un año es si el hardware seguirá siendo un negocio o pasará a ser sólo el envoltorio de la inteligencia que provean otros.
TM Roh, presidente y CEO de la división de dispositivos de Samsung Electronics, no parece perder el sueño por ello. En un encuentro con una veintena de periodistas europeos en Londres, un día después del evento Unpacked en el que la compañía presentó su octava generación de teléfonos plegables, el ejecutivo evitó pronunciarse en concreto sobre la empresa de Sam Altman, pero encajó su llegada en un patrón que dice conocer bien. «Cada innovación atrae a nuevos jugadores, y esa competencia acaba beneficiando al usuario», explica.
Lo interesante no es tanto la cortesía de la respuesta, como dónde coloca Roh su defensa. No en el diseño, ni en las cámaras, ni siquiera en la pantalla plegable. Tampoco en modelos de lenguaje concretos. «La ventaja competitiva ya no será solo lo inteligente que es la IA, sino lo bien que la IA entiende al usuario«, resume. Ahí, sostiene, nadie puede competir con una empresa presente en todos los rincones de la vida diaria, que vende desde teléfonos a relojes, pasando por anillos, auriculares, televisores, robots aspiradores y el resto de electrodomésticos del hogar.
En el centro de ese mapa la pieza que, según Roh, no se moverá de sitio es el teléfono móvil. «Será el producto central y fundamental de esta nueva era de la IA», afirma, el único dispositivo que estará siempre cerca del usuario y el que más horas de uso acumulará al día. Todo lo demás orbitará a su alrededor como «dispositivos compañeros de IA» capaces de percibir en todo momento al usuario y su entorno.
«No espero un único dispositivo nuevo revolucionario», explica, al tiempo que afirma que los formatos que veremos emerger tendrán dos atributos obligatorios: serán capaces de percibir en todo momento al usuario y su entorno y permitirán interacciones que impliquen a los cinco sentidos. Las gafas inteligentes recién anunciadas, capaces de ver lo que ve su dueño, escuchar su voz y responder por los altavoces (de momento sin fecha de comercialización en Europa), son el primer ejemplo. Los auriculares, con micrófono para entender lo que ocurre alrededor, son otro. Y en el hogar, Roh imagina un centro de control de la IA que podría ser un dispositivo nuevo o esconderse dentro de los que ya existen, desde el televisor al robot aspirador.
La salud será uno de los primeros terrenos donde se notará esta estrategia. Samsung Health cubre ya cinco pilares (sueño, actividad, nutrición, salud mental y constantes vitales) y la ambición declarada es desplazar el foco de la gestión sanitaria del tratamiento a la prevención, con el reloj o el anillo inteligente, siempre en contacto con el cuerpo, como sensores.
La pieza que unirá todo ese catálogo será un motor de «inteligencia de datos personales» que recuerda y analiza lo que el usuario hace en sus dispositivos Galaxy para ofrecer experiencias cada vez más personalizadas. Es la respuesta de Samsung a un problema incómodo. Buena parte de las funciones de Galaxy AI que estrenó con la familia S24 en 2024, y que durante un tiempo diferenciaron a sus teléfonos, están ya disponibles prácticamente en cualquier Android.
La escala también forma parte de este argumento. La compañía quiere llevar Galaxy AI a 800 millones de personas antes de que acabe el año, el primer paso de lo que Roh describe como la conversión de la inteligencia artificial en una infraestructura. No será una función más, sino un componente y una expectativa básica en la vida diaria de cualquier usuario. Y en Europa, un mercado único con decenas de lenguas, eso exige que la IA funcione con naturalidad en todas ellas; de ahí la expansión continua de idiomas de Galaxy AI.
El siguiente paso será la IA agéntica, sistemas que no se limitan a responder preguntas sino que completan tareas en nombre del usuario. Para que funcione, hace falta contexto personal y Roh es consciente del gran problema de privacidad que supone. Su compromiso es que la información personal más sensible se procese en el propio dispositivo, sin pasar por la nube, y que el usuario pueda ver y controlar qué hace la IA en todo momento. Europa, recuerda, tiene algunos de los estándares de privacidad más exigentes del mundo.
Samsung, en cualquier caso, no camina sola en esta evolución. La fórmula que sigue es lo que llama «IA híbrida», con diferentes modelos y socios según la tarea a realizar, pero todo unido bajo One UI (la capa de personalización distintiva de los dispositivos de la compañía) para que la experiencia no se fragmente. El socio principal es, desde la adopción de Android, Google, con equipos conjuntos en Mountain View y en Corea; la misma mañana del encuentro, Roh se había reunido con sus directivos para repasar la estrategia a largo plazo. Esa capa única responde también al riesgo de que las tensiones geopolíticas fragmenten los sistemas de IA por mercados.
En el silicio ya ocurre algo parecido. Exynos, el chip diseñado por la propia Samsung, convive con los de Qualcomm, MediaTek e Intel en una cooperación que arranca en la fase de diseño. Habrá usuarios, predice Roh, que por privacidad exigirán que su IA funcione íntegramente en el dispositivo, sin nube, y eso exigirá la máxima potencia de procesamiento local. El otro frente será contener los costes de una tecnología muy cara de escalar.
Tecnología – Píxel
