No es ya el orgullo nacional lo que está en juego: la posibilidad de ser eliminados del Mundial en la primera fase tras fracasar consecutivamente ante Arabia Saudí y Cabo Verde sitúa a Uruguay ante un drama casi existencial, cuestiona el mismísimo ser nacional. El 2-2 frente a la modesta selección africana, debutante en el torneo, dio rienda suelta a todos los temores del dos veces campeón del mundo, que teme no ser capaz de arrancarle siquiera un empate a España este viernes en Guadalajara y quedar fuera del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026.
Con solo dos puntos a falta de una jornada, el equipo de Bielsa está en una situación límite. Las expectativas eran altas, pero ahora el miedo es más que palpable en medios locales y afición
No es ya el orgullo nacional lo que está en juego: la posibilidad de ser eliminados del Mundial en la primera fase tras fracasar consecutivamente ante Arabia Saudí y Cabo Verde sitúa a Uruguay ante un drama casi existencial, cuestiona el mismísimo ser nacional. El 2-2 frente a la modesta selección africana, debutante en el torneo, dio rienda suelta a todos los temores del dos veces campeón del mundo, que teme no ser capaz de arrancarle siquiera un empate a España este viernes en Guadalajara y quedar fuera del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026.
«Uruguay fue la sucursal del infierno, el desmoronamiento de una ilusión falsa y el imperio de lo efímero», tituló ya en la noche del domingo el sitio web El Observador, uno de los principales del país, en una clara muestra del estado de alarma tras dos pobres partidos de la selección de Marcelo Bielsa.
El técnico argentino asumió como propios «los errores» del equipo, que recibió tres goles en dos partidos, todos ellos producto de groseras fallas defensivas. Este domingo, Uruguay comenzó perdiendo 1-0, cerró el primer tiempo en ventaja de 2-1 y no pudo remontar tras el 2-2 de Cabo Verde en una muy desafortunada jugada que El País, el periódico más vendido de la nación, sintetizó como «grosero doble error defensivo» del defensa Mathías Olivera y el portero Fernando Muslera.
La Diaria, otro sitio web uruguayo, no ocultó su desconsuelo: «Otra vez el mismo drama: una desconcentración, un gol en contra y vuelta a empezar, sin tranquilidad. Así no se puede». Uruguay quedó «mirando al abismo».
Desde la noche del domingo proliferan en los medios análisis acerca de cómo avanzar a dieciseisavos entre los ocho mejores terceros de grupo, pero Bielsa tiene algo claro: lo que debe hacer su equipo es vencer a España, más allá de que un empate también le daría posibilidades: «Nosotros necesitamos ganar».
Bielsa apuntó a un aspecto que lo obsesiona para explicar la derrota de Uruguay, campeón mundial en 1930 y 1950: «Lo determinante para el resultado fue que cedimos el protagonismo».
Eso mismo observó sin dudas Luis Suárez, que tuvo serios enfrentamientos con Bielsa y dejó la selección. En la noche del domingo, desde un palco del Hard Rock Stadium de Miami, el ex Barcelona se tomaba la cabeza y sufría lo indecible ante lo que muy pocos creían posible antes del inicio del Mundial: Uruguay cediendo dos puntos ante Cabo Verde.
Tras confirmar que Giorgian de Arrascaeta y Ronald Araujo no están en condiciones físicas de jugar ante España, Bielsa sostuvo que haber terminado el primer tiempo ganando 2-1 perjudicó a Uruguay. «Creo que el problema más importante del equipo fue que empezó el segundo tiempo con la victoria y con la pelota, y fue en ese momento cuando no logró cerrarlo al partido: crear peligro y hacerle sentir al rival que no podían».
Más allá de lo futbolístico, el mal paso de Uruguay por el Mundial disparó análisis que cuestionan la «uruguayidad» misma y la idea de que el país sea una potencia en las Copas del Mundo. «Las expectativas son colosales. Desproporcionadas. No nacen del análisis del presente, sino de la nostalgia. Se habla de historia, de tradición, de carácter, de una supuesta esencia nacional que garantizaría resultados por decreto. Como si los trofeos obtenidos por hombres muertos o jubilados pudieran marcar goles en el siglo XXI», cuestionó en la red social X el periodista Federico Leicht.
«Pero la selección entra al campo y ocurre algo incómodo: aparece la realidad. Los rivales mediocres corren más, arriesgan más, innovan más. Parecen pertenecer a países que todavía creen en el futuro. Mientras tanto, los nuestros juegan como juega la nación entera: al empate, esa vieja religión nacional, se traslada del Parlamento al césped (…). ¿Por qué una sociedad acostumbrada a administrar su decadencia espera producir excelencia de manera automática?»
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