“Venir a Cádiz en Danza es para nosotros como jugar en casa”

La compañía catalana Mal Pelo inaugura hoy en el Gran Teatro Falla la edición número 24 del festival con la obra ‘We’
Cádiz en Danza proyecta un festival con 38 compañías La compañía catalana Mal Pelo inaugura hoy en el Gran Teatro Falla la edición número 24 del festival con la obra ‘We’
Cádiz en Danza proyecta un festival con 38 compañías  


El Festival Cádiz en Danza arranca hoy con unos viejos conocidos, los de la compañía catalana Mal Pelo, un grupo que ya ha participado en varias ocasiones en la cita gaditana. Pep Ramis, codirector de la compañía junto a María Muñoz, habla con este periódico sobre ‘We’, la pieza con la que abren fuego esta noche, a las 21.30 horas, en el Falla.


Pregunta.–¿Qué es ‘We’, qué pretende Mal Pelo con esta propuesta?


Respuesta.–‘We’ nace de la idea de trabajar con un elenco muy joven. La mayoría de ellos tienen entre 20 y 27 años. Es un trabajo sobre la idea de transmisión de lenguajes, de lenguaje escénico, del movimiento, y también con una idea más, la idea general del espectáculo, que es alrededor de esa pregunta de qué vamos a dejar, qué tenemos nosotros y qué dejamos en la mano a los que nos siguen, a los que nos seguirán. Esa es una pregunta que, creo, puede entender todo el mundo. Y más en estos momentos, en estas derivas que estamos viviendo en el mundo entero. Es decir, ¿qué mundo vamos a dejar a la gente que nos sigue? Es una pregunta, pero es el fondo para trabajar en el estudio con toda esa generación a la que yo pienso que hay que escuchar. Pienso que tenemos que dar voz a toda esa gente joven y dar espacio para que puedan hablarnos y nos puedan decir cómo ven las cosas.


Es una escucha entre su generación y la nuestra, en este caso, pero era como una especie de necesidad porque nosotros, por otra parte, a nivel profesional, ya tenemos más de 60 años, tanto María como yo, y aguantaremos lo que podamos porque nos encanta estar ahí.


P.–El cuerpo es limitado.


R.–Evidentemente. Y nos parecía importante tener esta experiencia.


P.–¿Es una transmisión de algo, de un testigo, de dejar un legado, un intento de transmitir conocimiento o, más bien, es un diálogo entre las dos generaciones?


R.–Hay un intento de las dos cosas. Hay un intento de dejar, de invitarles a nuestro universo, a nuestras maneras de trabajar, sabiendo que llevamos muchos años y hay una experiencia acumulada, como cualquier oficio. Pero, a la par, también intentando contaminarnos de su manera de ver y de hacer. Es una transmisión en ambos sentidos.


P.–¿Y qué tal la nueva generación?


R.–Pues sube fuerte, sube fuerte. Son gente con una capacidad interpretativa enorme, se han formado en múltiples técnicas y con mucha gente diversa. Vienen con una cabeza superabierta y con ganas de proponer. A nivel político y social están muy posicionados, con preguntas muy claras, curiosidades muy potentes. Creo que hay que darles paso. También es gente que ha sufrido un cierto desencanto, y es normal. Y hay que ver si quizá las soluciones o las salidas tengan que venir de otras generaciones que surgen ahora. Me parece un momento muy interesante, porque no es fácil, pero a veces en esos momentos históricos tensos salen cosas que pueden ser importantes. Es decir, no creo en la visión apocalíptica del mundo. Creo que hay que seguir apostando por tener esperanza. Creo que el espectáculo habla un poco de eso. Preguntarse las cosas no es ser pesimista, es afrontarlas.


P.–¿Estamos hablando de danza social o comprometida?


R.–No creo que haya tanta pretensión, porque, al fin y al cabo, lo que nosotros nunca hemos sido es tan explícitos, tan directos, siempre lo hacemos a través de unos textos o cuerpos poéticos, que dejen un marco y un espacio para el espectador, para rellenar. Intentamos ser íntimos y acercarnos al espectador, pero nunca dictar ni sentenciar. Nos gusta compartir preguntas, miradas poéticas y demás, pero nunca ha sido nuestro lenguaje el gritar o ser tan directos en escena. Creo que muchas veces la transversalidad, o decir las cosas desde un punto de vista más poético, cala más profundo.


P.–Leo que han elegido para esta obra a doce intérpretes de orígenes distintos. ¿Qué significa eso? ¿Son de distinta procedencia porque los habéis buscado así?


R.–No, no. Ha aparecido así y así ha sido. No lo hemos buscado exactamente, pero sí son de nacionalidades muy diversas. Es muy divertido. Ha sido una especie de Babel en el estudio.


P.–¿Y cómo ha sido el resultado final del trabajo, cómo reacciona el público?


R.–El público está encantado, de verdad. Y mucha gente joven. Hemos notado que el público joven se queda muy enganchado. Y eso nos encanta. Es una obra muy gustosa de ver. Una obra que invita mucho a vivirla. Hay un trabajo, por ejemplo, a nivel sonoro precioso. Es una pieza, a nivel musical, muy contundente y muy bonita. Ellos están fantásticos en escena. Hay también, como siempre, un trabajo de video proyecciones, de textos que acompañan y que dan paisaje y contexto. Estamos muy contentos.


P.–Después de más de 30 años de trayectoria, Mal Pelo ha logrado importantes premios. Ayúdeme a completar la frase con el verbo: ¿los premios reconocen, impulsan, confortan, exigen…?


R.–Qué verbo diría… Los premios reconocen y empujan. Te dan un empujón para seguir en la lucha. Siempre hay que darles la importancia que tienen, un reconocimiento es un reconocimiento. Y eso, digamos, que reconforta. Es como decirte que no vamos tan mal, que el camino es correcto en ese sentido.


P.–El año que viene, Cádiz en Danza celebrará su edición número 25. Cómo valora este festival que pervive en este rincón del sur.


R.–Este festival para nosotros ha sido un festival de referencia. Ha sido un festival que nos ha alegrado siempre un montón ir allí. El ambiente, la gente es maravillosa. No lo digo por decir, lo digo muy en serio. Cada vez que nos sale Cádiz en Danza, aquí en la oficina es una alegría inmensa. Y pienso que es un festival que se ha mantenido y que sigue apostando por una muy buena programación. Y estando muy al día de lo que sucede en este país. Cumplir 25 años de festival no es nada fácil. Estamos encantados de ir a Cádiz; para nosotros es ir a jugar en casa.


P.–Este año, además, hay mucha presencia de compañías gallegas y catalanas, con diversos acuerdos. Un festival muy interconectado.


R.–Eso es muy importante porque aparte de crear circuito, crean red entre profesionales. Y yo pienso que es muy necesario. La danza siempre ha tenido algo de eso, de compartir. Compartes estudio, compartes cuerpos; viajas, tomas cursos. Los bailarines son gente muy móvil, muy nómada. Pero está bien que los proyectos y los lugares se pongan también en esa onda de compartir. De romper estos compartimentos estancos y ser más permeables. Hay algo muy bello en todo eso.

 Diario de Cádiz – Cádiz

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