Toko Shengelia (Tblisi, Georgia, 1991) no regala sonrisas. Impone. En la cancha, con su porte recio, su barba oscura y su coleta recogida, bien podría pasar por uno de los 300 espartanos de Leónidas. Quién no le recuerda con una brecha, siempre listo para batallar contra el más duro rival. «Si dentro de 200 años un arqueólogo encuentra mi cuerpo, no creerá que fui jugador de baloncesto. Tal vez un guerrero o un luchador», pronuncia con una mueca de broma, sentado en el banquillo del impresionante Coca Cola Arena, donde el Dubai Basketball de Xavi Pascual acaba de terminar el entrenamiento previo a su duelo de este jueves (18.00 h., Movistar) contra el Real Madrid que abre la temporada Euroliga. El ala-pívot georgiano es uno de los fichajes estrella (pago de clásula de salida al Barcelona) del lujoso proyecto que, en su tercer año de vida, busca el más difícil todavía, conquistar el título continental. «Es obvio que también es el título que le falta a mi carrera, he venido para eso», admite.
El ex del Barça, fichaje estelar del Dubai Baskeball que este jueves inaugura la Euroliga contra el Real Madrid, reflexiona sobre su extensa carrera. «Si dentro de 200 años encuentran mi cuerpo, creerán que fui un guerrero o un luchador».
Toko Shengelia (Tblisi, Georgia, 1991) no regala sonrisas. Impone. En la cancha, con su porte recio, su barba oscura y su coleta recogida, bien podría pasar por uno de los 300 espartanos de Leónidas. Quién no le recuerda con una brecha, siempre listo para batallar contra el más duro rival. «Si dentro de 200 años un arqueólogo encuentra mi cuerpo, no creerá que fui jugador de baloncesto. Tal vez un guerrero o un luchador», pronuncia con una mueca de broma, sentado en el banquillo del impresionante Coca Cola Arena, donde el Dubai Basketball de Xavi Pascual acaba de terminar el entrenamiento previo a su duelo de este jueves (18.00 h., Movistar) contra el Real Madrid que abre la temporada Euroliga. El ala-pívot georgiano es uno de los fichajes estrella (pago de clásula de salida al Barcelona) del lujoso proyecto que, en su tercer año de vida, busca el más difícil todavía, conquistar el título continental. «Es obvio que también es el título que le falta a mi carrera, he venido para eso», admite.
Pregunta. ¿Qué lecciones os dejó la reciente Supercopa (derrotados en semifinales, en la prórroga, por el Madrid?
Respuesta. Como torneo, la Supercopa me encantó. Es una competición que da un valor añadido a la Euroliga y la experiencia ha sido estupenda. No logramos ganarla, nos quedamos cerca, pero jugar tan pronto contra grandes rivales es genial. Hemos visto nuestro potencial, las cosas buenas y las cosas que tenemos que corregir. Necesitamos tiempo, pero tenemos un gran entrenador como Xavi para ayudarnos. Y jugadores con experiencia para hacer estos ajustes lo antes posible.
P. Has jugado en grandes equipos durante tu carrera europea: Baskonia, CSKA, Virtus, Barça… ¿Alguna vez has estado en una plantilla como esta?
R. Sí, es el mejor equipo en el que he estado nunca. He estado en equipos muy buenos, muy talentosos, pero este Dubai está ahí arriba. Llevo tiempo en la Euroliga y ya conoces a quién juega y cómo juega. Por eso no me han sorprendido mis nuevos compañeros, no te podría destacar a alguno en particular.
P. Llega de la mano de Xavi Pascual.
R. Nos conocimos mucho el año pasado. Él sabe lo que tiene que esperar de mi. Y yo también sé qué hay que esperar de Xavi. Es muy bueno en el manejo de la plantilla, en el juego. Esta temporada vamos a hacer un equipo con opciones diferentes, con alternativas, que no va a hacer sólo un juego unidimensional.
P. ¿Le ha dado tiempo a reflexionar sobre la extraña temporada en el Barcelona y su salida, pese a tener contrato?
R. Del Barça tengo buenos recuerdos. Mi sensación es de agradecimiento al club, a los entrenadores y a mis compañeros. Ahora mismo no quiero hablar de ese tema, lo haré con calma más adelante. Por mi parte todo es positivo, hice todo lo que podía hacer por este club. Y les deseo todo lo mejor.
P. Hábleme de sus inicios en el baloncesto.
R. Desde que me alcanza la memoria, sólo me recuerdo en pabellones, mirando cómo jugaba mi padre [Kakha, 2,11 metros, leyenda soviética y georgiana]. Desde ahí me enamoré de este deporte. Incluso mi madre jugaba al baloncesto. Así que en mi ADN ya lo tenía. Estoy muy agradecido por tener esta familia, me ayudaron mucho. Incluso a día de hoy ellos ven todos los partidos y después charlamos, me ayudan con una perspectiva diferente.
P. ¿Recuerda una infancia difícil en Tblisi?
R. Fácil no resultó. En ese momento, en el país en general, era una época dura. Estuvimos sin electricidad, sin gas, sin luz, sin muchas cosas. No teníamos internet ni nada. A veces la comida era un poco difícil de conseguir y estas cosas. Al final, todo esto creo que te hace más duro. Mi competitividad, mi dureza, viene de mis padres y de la vida que viví en Georgia. Me siento como un superviviente desde niño. Es el concepto de ‘thick skin’, la piel dura para resistir, la madurez antes de tiempo. He dicho muchas veces que el baloncesto se transmite a tu vida y tu vida al baloncesto.
P. Viendo ahora este pabellón, esta ciudad, esta plantilla, su contrato… ¿Se valora más el camino?
R. Me hace acordarme todavía más de aquello. Nunca puedes olvidarte. Siempre tienes que saber dónde vas, pero nunca olvidar de dónde vienes.
P. ¿Con 15 años dejas tú país para viajar a España e ir a la cantera del Valencia?
R. Fue difícil y duro. Pero al mismo tiempo sabía que esta era mi única opción de hacer una carrera, de tener éxito. Esperaba ese momento desde muy pequeño, tenía un objetivo muy claro. Estaba preparado.
P. ¿Cómo recuerdas tu paso después por la NBA (de 2012 a 2014, Nueva Jersey Nets y Chicago Bulls? ¿Lo volverías a repetir?
R. Sí, seguramente lo volvería a repetir. Fue una etapa muy importante de mi carrera y aprendí muchas cosas que debía hacer y, sobre todo, que no debía hacer.
P. ¿Cuántas cicatrices colecciona en su cuerpo?
R. [Ríe] Si dentro de 200 años un arqueólogo encuentra mi cuerpo, no creerá que fui jugador de baloncesto. Tal vez un luchador o un guerrero. Pero es parte del deporte, es parte de estilo que tengo, es una cosa de sacrificio. Es algo que tengo, viene de mi corazón.
P. Siempre puso jugar con su selección nacional por delante de todo.
R. Significa mucho para mí, todo. Mi carrera no sería completa si no hubiera jugado con Georgia. Fue mi primer sueño, antes que jugar en la NBA o en la Euroliga. Ahora vivo ese sueño como líder, como el capitán. Y en una posición de ayudar a mi país a ir por segunda vez a un Mundial. Aunque no va a ser fácil.
P. El partido del pasado verano contra España [37 puntos, 10 rebotes…] ¿Cree que fue el mejor de su carrera?
R. Nunca lo olvidaré. Fue muy importante para nosotros. Veníamos de perder contra Ucrania y si queríamos tener opciones teníamos que ganar. Hubo un momento en el que estuvimos abajo de 22 puntos. En el pabellón, nadie se creía que pudiéramos ganar. Yo no quería que dejáramos de luchar y así se lo dije a mis compañeros. Y ellos me siguieron. Fue una locura, increíble.
P. Cuando pasen los años, ¿cómo te gustaría que te recordaran?
R. No me importa tanto el recuerdo que quede de mí en la cancha. Sino cómo fue fuera. Al final, la gente nos ve 40 minutos de partido. Pero la vida va más allá de este tiempo.
P. Cuando se retire, ¿volverá a su país? ¿Será entrenador?
R. Esa es una pregunta que yo me hago también frecuentemente. Pero todavía no tengo la respuesta para eso.
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