El impresionante Coca Cola Arena resulta apenas un pequeño y escondido detalle entre el bosque de rascacielos y grúas (que levantan más rascacielos) que es Dubai. En la megaurbe no se percibe la expectación durante el día, pero sí cuando se acerca la hora del partido en los alrededores del pabellón, el City Walk. La llegada del Real Madrid es un acontecimiento social en un lugar diseñado para los negocios y el ocio. Míchel Salgado, Paula Badosa o Paolo Balotelli, residentes en el Emirato, no se lo pierden. Tampoco el ex NBA Tristan Thompson –vestido con la kandura para la ocasión- o Grayson Boucher, ‘The Professor’, el fenómeno de basket callejero con millones de seguidores, invitados (de lujo, todo es de lujo) para la ocasión.
El equipo emiratí, en su tercer año de vida, desafía el viejo orden de la Euroliga. ‘Robó’ a Shengelia al Barça y a Walkup al Olympiacos y se encomienda a la experiencia de Xavi Pascual para intentar ganar el torneo: «Podemos crear algo muy bueno»
El impresionante Coca Cola Arena resulta apenas un pequeño y escondido detalle entre el bosque de rascacielos y grúas (que levantan más rascacielos) que es Dubai. En la megaurbe no se percibe la expectación durante el día, pero sí cuando se acerca la hora del partido en los alrededores del pabellón, el City Walk. La llegada del Real Madrid es un acontecimiento social en un lugar diseñado para los negocios y el ocio. Míchel Salgado, Paula Badosa o Paolo Balotelli, residentes en el Emirato, no se lo pierden. Tampoco el ex NBA Tristan Thompson –vestido con la kandura para la ocasión- o Grayson Boucher, ‘The Professor’, el fenómeno de basket callejero con millones de seguidores, invitados (de lujo, todo es de lujo) para la ocasión.
Las entradas rondan entre los 25 (las más baratas) y los 2.000 euros (asiento a pie de pista) al cambio y el pabellón luce casi lleno. No esperen un ambiente a la europea, tribunas humeantes y enfervorizadas como en Belgrado o Atenas, aunque esto sea la Euroliga. Menos estos días, pues el país guarda 10 días de luto oficial por la muerte del jeque Ahmed bin Rashid Al Maktoum, hermano menor del primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos y gobernante de Dubái, el jeque Mohammed. No hay música en las gradas ni el habitual show prepartido. Aún así, el concepto es diferente. Y conviene acostumbrarse. La ascensión del Dubai Baskeball ha sido meteórica desde que se creó hace tres temporadas, pagando unos 150 millones de euros por ser parte de la Euroliga. El año pasado ya alzaron la Liga Adriática (competición que disputa con los equipos de la zona, entre ellos Partizán o Estrella Roja) y su salto este verano ha sido exponencial. En tres años han pasado de cuatro a unos 20 millones de presupuesto. Para su segunda temporada en la máxima competición ¿continental?, pretenden ganarla. Han fichado a lo grande, experiencia y talento. Empezando por Xavi Pascual (acompañado de todo su staff español). «Me siento a gusto aquí. Podemos crear algo muy bueno. Continuar el proyecto y dotarle de ADN ganador», confiesa.
El Dubai, que el año pasado, durante la crisis por la guerra de Irán, tuvo que acomodarse en Sarajevo, pasa más de 20 días en el aire. Pero vuela a lo grande, en un avión espectacular. Las estrellas cada vez tienen menos remilgos por acudir al emirato a jugar, pues los impuestos en sus salarios brillan por su ausencia. «Es increíble estar aquí. Los viajes implican vuelos largos, pero el club se ocupa muy bien de nosotros. Viajamos en primera, podemos dormir y la experiencia es magnífica. Y la vida en Dubái es maravillosa. Hay muchísimas cosas que hacer, especialmente para mi familia y mis hijos: las opciones son innumerables. Los servicios son excelentes, al igual que las niñeras y las escuelas. Es simplemente de primera categoría y es el lugar más seguro del mundo. Es un sueño hecho realidad y una bendición estar aquí», detalla a este periódico McKinley Wright, una de sus estrellas.
La agresividad en el mercado del equipo en el que Dejan Kamenjasevic es el director general, ha crecido. Al Barça le birlaron a Shengelia pagando su salida de casi un millón de euros. Más allá fueron con Thomas Walkup, uno de los referentes del campeón Olympiacos. Hasta el punto de llevar al capitán a declararse en rebeldía. Con contrato en vigor, los griegos acabaron plegándose, aceptando el millón y medio de compensación y dejando salir a su base. Que cobrará casi siete por tres temporadas, camino de los 34 años.
Con el empresario emiratí Abdullah al-Naboodah como presidente -su patrimonio neto, según Forbes, se eleva a los 1.500 millones de dólares- fichan (del destartalado Monaco han llegado Okobo y Blossongame) y retienen. Sus dos mejores jugadores de la temporada pasada, McKinley Wright y Mfiondu Kabengele, han ampliado sus contratos.
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