Durante las últimas dos décadas nos hemos acostumbrado a algo que parecía inevitable: la tecnología siempre acaba bajando de precio. Cada nueva hornada de móviles traía más memoria por el mismo dinero, cada portátil de gama media heredaba prestaciones que un lustro antes eran exclusivas del segmento premium. Esa lógica, que se tendía como una ley natural del sector, se ha roto, y conviene entender por qué antes de que la factura llegue a casa.
La subida de precios de Apple sella una tendencia que lleva años en marcha y que cambiará para siempre el funcionamiento del mercado de la informática y la telefonía móvil
Durante las últimas dos décadas nos hemos acostumbrado a algo que parecía inevitable: la tecnología siempre acaba bajando de precio. Cada nueva hornada de móviles traía más memoria por el mismo dinero, cada portátil de gama media heredaba prestaciones que un lustro antes eran exclusivas del segmento premium. Esa lógica, que se tendía como una ley natural del sector, se ha roto, y conviene entender por qué antes de que la factura llegue a casa.
Lo primero que hay que entender es que no se ha roto por una única causa, sino por tres que han llegado casi seguidas. La primera, durante el Covid, fue una seria crisis de fabricación de semiconductores. La segunda, durante 2024 y 2025, los aranceles estadounidenses. La tercera, ya en 2026, ha sido la escasez de memoria. La primera fue una crisis de suministro puntual debido a la pandemia. La segunda, política. La tercera es estructural, y mucho más difícil de revertir. Probablemente hasta 2030 no volvamos a tener un equilibrio de oferta y demanda en el mercado e la memoria y el almacenamiento.
Empecemos por la geopolítica, que es la parte que más titulares generaba hasta el año pasado. La batería de aranceles de la administración de Donald Trump golpeó a un sector que fabrica casi todo en Asia. China concentra cerca del 79% de las importaciones estadounidenses de portátiles y tabletas, y un 78% de las de smartphones. Aunque sobre el papel sólo afecta a EE.UU. los fabricantes han repartido el golpe arancelario en su política de precios global para evitar subir los preciso de forma excesiva en una región.
El problema de la memoria es más insidioso y todo apunta a que será mucho más duradero. La fiebre de la inteligencia artificial ha desatado una construcción frenética de centros de datos, y esos centros devoran memoria. No cualquier memoria, sino la llamada HBM, de alto ancho de banda. El problema es que fabricar esa memoria consume exactamente la misma capacidad de obleas que la DRAM convencional, la que usan portátiles y móviles. Cada oblea destinada a un centro de datos es una oblea que no llega al mercado de consumo.
Los precios de la DRAM han subido alrededor de un 172% a lo largo de 2025, y en el primer trimestre de 2026 se dispararon entre un 90% y un 95% respecto al trimestre anterior, según TrendForce. No hay un pico comparable en el registro histórico. La previsión es que los centros de datos absorban el 70% de toda la memoria fabricada en el mundo este año, cuando hace apenas tres ejercicios rondaban el 20% o el 30%. Micron, uno de los tres únicos grandes fabricantes que quedan, ha hecho lo impensable. Ha abandonado el mercado de consumo y retirado su marca Crucial. Samsung también está abandonando el mercado de memorias de almacenamiento SSD (también afectadas) para consumidores por el mismo motivo. Los centros de datos pagan más.
El efecto en la calle ya es visible. El precio de una placa de memoria de 64 GB de DDR5 se ha triplicado en tres meses. Durante años fue una pieza secundaria del presupuesto pero se ha convertido en una decisión de compra más importante que la propia tarjeta gráfica. Y eso es solo el componente suelto. Los fabricantes de equipos completos o quienes fabrican sus propios chips con memoria integrada como Apple o Qualcomm, están atrapados. HP reconoció que la memoria ya supone el 35% del coste de materiales de un PC, frente al 15-18% del trimestre anterior. La consecuencia es que, en Europa, los precios medios de móviles, portátiles y sobremesas están subiendo. Incluso en equipos que llevan meses en el mercado. La consultora Counterpoint, por ejemplo, calcula un encarecimiento del 10% al 20% en buena parte del catálogo Android desde enero.
Apple, que durante meses había presumido de aguantar el tipo gracias a sus contratos a largo plazo para la adquisición de memorias y sus amplios márgenes, ha sido una de las últimas en claudicar. La compañía, que rara vez se justifica, admitió que nunca había visto un encarecimiento de componentes tan brusco en tan poco tiempo.
Lo que diferencia esta crisis de la que sufrimos con el Covid es que no es un problema de logística que se arregla cuando los barcos vuelven a navegar. Es un problema de demanda, y la demanda de IA no da señales de frenarse. Las nuevas fábricas de Micron y SK Hynix no producirán en volumen antes de 2027, y la memoria, históricamente, baja de precio mucho más despacio de lo que sube. Conviene asumirlo sin dramatismo pero también sin engañarse. El ciclo de tecnología barata y abundante ha terminado.
Los videojuegos rompen la barrera de los 70 euros. Sony abrió el camino al fijar los grandes lanzamientos de nueva generación en 70 euros, frente a los 60 de costumbre, y el resto de la industria fue detrás. Hoy los títulos más ambiciosos rozan ya los 80 euros. Ese mismo año, la Xbox Series S debuta a 299 euros, una cifra que ahora parece de otra era geológica.
Meta anuncia una subida del precio de las Meta Quest el 2 en julio de 2022, que pasa de 349 euros a 449 euros debido a los problemas de suministro del mercado de semiconductores.
En agosto, Sony hace lo mismo debido a la presión de la inflación y las divisas. Es algo sin precedentes en la historia de la marca. La versión con lector de PS5 pasa a costar 549,99 euros y la digital, 449,99 euros. Se rompe así con la tradición de décadas según la cual las consolas solo bajaban con los años.
La fortaleza del dólar y el aumento de costes de suministro también afecta a Apple, aunque no se le da tanta importancia. En septiembre de 2022, el precio de los iPhone 14 aumenta de entre 100 y 160 euros frente a los modelos del año pasado.
En febrero, Samsung anuncia los Galaxy S23 con un aumento de hasta 150 euros en algunos modelos. El S23 más asequible parte ahora de 959 euros, 100 euros más que su predecesor directo.
En agosto, Microsoft responde a Sony y sube el precio de la Xbox 50 euros.
El año arranca con una nueva subida de los Galaxy S24 de Samsung. Aunque el modelo base mantiene el precio, el Ultra sube 50 euros.
En febrero, Google lanza los Pixel 9 con una subida de 100 euros respecto a los modelos del año anterior.
En noviembre, Sony lanza la PS5 Pro a 799,99 euros. El modelo más caro jamás visto en una PlayStation. Lo que entonces se interpreta como un capricho para entusiastas resulta ser, con perspectiva, el preludio de todo lo que vendría después.
La política de aranceles de Trump añade presión al sector. Sony vuelve a subir el precio de la PS5 Digital en abril. La edición digital sin lector ahora arranca en 499,99 euros.
A lo largo del año, Microsoft encarece también su línea Xbox Series y sus mandos en buena parte del mundo, con incrementos de hasta 50 euros en Europa, alegando el encarecimiento sostenido de los componentes.
Nueva subida de PlayStation. El 2 de abril, la PS5 con lector pasa de 549,99 a 649,99 euros, la digital de 499,99 a 599,99, la PS5 Pro de 799,99 a 899,99. Cien euros más en cada consola, con la memoria y los semiconductores señalados de forma explícita como responsables.
El mismo mes, Lenovo sube de forma espectacular los precios de la consola de juegos Legion Go 2. Lanzada originalmente al mercado a finales de 2025 a 999 euros, el modelo de entrada pasa a costar 1.749 euros.
En mayo, Valve sigue la misma estrategia con la consola portátil Steam Deck. La versión OLED con 512 GB de memoria pasa de 569 euros a 779 euros.
En junio, Apple capitula. Sube de golpe casi toda su gama salvo el iPhone, con una media cercana al 20% y picos por encima del 30%. El MacBook Neo pasa de 699 a 799 euros y el MacBook Air de 13 pulgadas de 1.199 a 1.429. El iPad más básico se dispara un 32%. El caso más sorprendente es el del Mac Studio M3 Ultra, 1.500 euros más caro de un día para otro.
La Switch 2 de Nintendo también sucumbe. En 2025 la compañía subió el precio de la Switch y el previsto para la Switch 2 en EE.UU. pero logró aislar a Europa. Ahora, un año después, subirá en España de 449,99 a 499,99 euros a partir de septiembre.
Tecnología – Píxel
