En el palco, Florentino Pérez. En la tribuna, justo debajo de la prensa, Enrique Riquelme. El domingo se jugarán la presidencia del Real Madrid en las urnas, pero ninguno habló mucho de baloncesto en sus campañas. Pero allí estaban, en el Palacio. Listos para un sábado de éxito que devino en pesadilla. Faltaban minutos para acabar el partido y ya estaba saliendo el público por los pasillos. La gesta de La Laguna Tenerife sin respuesta. El Real Madrid, el mejor equipo de la temporada regular de la Liga Endesa, eliminado a las primeras de cambio. Una sensación de incredulidad y de fracaso se apoderó de todo.
Los blancos se rompieron tras el alarde en la Euroliga que rozaron y se vieron sorprendidos por la gesta de La Laguna Tenerife. «¿Mi futuro? Tengo tres años de contrato, es una pregunta para el club»
En el palco, Florentino Pérez. En la tribuna, justo debajo de la prensa, Enrique Riquelme. El domingo se jugarán la presidencia del Real Madrid en las urnas, pero ninguno habló mucho de baloncesto en sus campañas. Pero allí estaban, en el Palacio. Listos para un sábado de éxito que devino en pesadilla. Faltaban minutos para acabar el partido y ya estaba saliendo el público por los pasillos. La gesta de La Laguna Tenerife sin respuesta. El Real Madrid, el mejor equipo de la temporada regular de la Liga Endesa, eliminado a las primeras de cambio. Una sensación de incredulidad y de fracaso se apoderó de todo.
Porque cuesta entender el desenlace de un proyecto fraguado para otras cimas. El primer año de Sergio Scariolo en el Real Madrid, una plantilla como no se recordaba (más si se comparaba con los precedentes, que le digan a Chus Mateo…), un dineral invertido por el club (incluso con los remiendos: Alex Len, Yurtseven, Sissoko…) confiado en rentabilizarlo en premios, un cuerpo técnico a lo NBA y un camino, de inicio, con más titubeos de los esperados. Al italiano le llegaron a abuchear tras la final de Copa perdida -«el lunar», lo llamó el técnico, un verdadero momento de zozobra, sin embargo- y a ovacionar tras la final de Euroliga perdida. Dos títulos perdidos tan en las Antípodas. Pero nadie podía sospechar que, después de Atenas, todo se desmoronara.
Nada se entiende sin la caprichosa y cruel plaga de lesiones. Puedes perder a tres jugadores y es un hándicap. Si el trío conforma el juego interior, es algo más. Todo el trabajo defensivo de Scariolo, la base de su bagaje táctico, se desmoronó en unos días sin Tavares, Alex Len ni Usman Garuba. «No hemos podido o sabido reconstruir la capacidad de equilibrio a nivel defensivo. No puedes aprender a que no se te lesionen tres jugadores en la misma posición, ha pasado y es muy inusual como para sacar una conclusión, pero hay cosas que desde luego tenemos que digerir y mejorar», pronunció Scariolo que dejó en manos del club su futuro («tengo tres años de contrato») y que pidió «disculpas a la afición»: «Obviamente nos disgusta por ellos. Es un momento para aprender, felicitar al rival y comenzar a preparar con frialdad y lucidez la próxima temporada».
Lo que parece inconcebible es perder siete de los últimos ocho partidos de la ACB, incluidos los dos contra La Laguna Tenerife en el Palacio. No se puede restar mérito a los de Txus Vidorrera, con acierto de ensueño en sus citas madrileñas: 29 de 59 en triples y 205 puntos en total. Con Marcelinho Huertas (43 años) y Patty Mills (37), destrozando el perímetro blanco y Yebo, un recién llegado (sin Shermadini ni Fran Guerra), la pintura. Desconcentración, frustración… El Madrid se dejó la energía y el colmillo en la Final Four, en esa Euroliga que rozó con los dedos y es el único salvoconducto a su temporada. Junto a la solvencia en el camino previo en ACB y su capacidad de sobrevivir en Euroliga. Una realidad insuficiente.
Porque visto en global, todo lleva a un año fallido. Observado de la única manera posible, se llama fracaso. Por alguna razón difícil de entender, esa palabra desapareció del lenguaje en el deporte. Si alguien la escribe o pronuncia, el receptor se siente insultado. Pero la RAE dice que fracaso es «malogro, resultado adverso de una empresa o negocio». El fracaso o como se quiera llamar es colectivo. De arriba a abajo, también en la pista, con jugadores señalados. Cómo explicar el bajón final de Campazzo, los números de MVP y sin embargo insuficientes de Hezonja. Sin Tavares, es como si se hubiera desmoronado un castillo de naipes.
Chus Mateo fue despedido hace un año tras ganar la ACB en Valencia. Tenía contrato, como Scariolo. Este domingo hay unas elecciones en el Real Madrid. En ese baloncesto del que nadie habló, hay mucho que reflexionar.
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