Bélgica disipó cualquier duda con una exhibición de contundencia. Necesitaba una victoria amplia para asegurarse el primer puesto del grupo y no dio margen a la sorpresa. El 1-5 frente a Nueva Zelanda fue el reflejo de la enorme diferencia entre ambos equipos y de la pegada de una selección que, cuando acelera, sigue siendo una de las más peligrosas del campeonato. Los neozelandeses arrancaron con valentía, presionando arriba y tratando de incomodar la salida de balón belga. Durante unos minutos incluso lograron que el encuentro transitara por un escenario igualado, apoyados en su despliegue físico y en el entusiasmo de una afición que soñaba con prolongar el milagro. Sin embargo, el castillo de naipes se vino abajo en cuanto Bélgica encontró espacios entre líneas. El primer gol abrió una grieta imposible de cerrar. A partir de ahí, los belgas comenzaron a mover el balón con la velocidad y la precisión que les habían faltado en anteriores encuentros.
Bélgica disipó cualquier duda con una exhibición de contundencia. Necesitaba una victoria amplia para asegurarse el primer puesto del grupo y no dio margen a la sorpresa. El 1-5
Bélgica disipó cualquier duda con una exhibición de contundencia. Necesitaba una victoria amplia para asegurarse el primer puesto del grupo y no dio margen a la sorpresa. El 1-5 frente a Nueva Zelanda fue el reflejo de la enorme diferencia entre ambos equipos y de la pegada de una selección que, cuando acelera, sigue siendo una de las más peligrosas del campeonato. Los neozelandeses arrancaron con valentía, presionando arriba y tratando de incomodar la salida de balón belga. Durante unos minutos incluso lograron que el encuentro transitara por un escenario igualado, apoyados en su despliegue físico y en el entusiasmo de una afición que soñaba con prolongar el milagro. Sin embargo, el castillo de naipes se vino abajo en cuanto Bélgica encontró espacios entre líneas. El primer gol abrió una grieta imposible de cerrar. A partir de ahí, los belgas comenzaron a mover el balón con la velocidad y la precisión que les habían faltado en anteriores encuentros.
Cada recuperación se convertía en una transición vertiginosa y cada llegada transmitía sensación de peligro. Nueva Zelanda resistía con orgullo, pero defendía demasiado lejos de su portería y pagó caro cada desajuste. El segundo y el tercero llegaron antes del descanso, dejando el partido prácticamente resuelto. Los oceánicos, obligados a adelantar líneas, ofrecieron aún más metros a un rival letal. Bélgica encontró un filón por las bandas y castigó una y otra vez las espaldas de la defensa neozelandesa.
El tanto del honor de Nueva Zelanda despertó un breve aplauso de reconocimiento en la grada, más por el esfuerzo acumulado durante el torneo que por la posibilidad real de una remontada. Bélgica respondió de inmediato con dos goles más que terminaron de redondear una goleada incontestable. El 1-5 certifica el liderato belga y refuerza la sensación de que el equipo ha encontrado su mejor versión justo cuando comienza la fase decisiva. Nueva Zelanda, pese a la dureza del resultado, abandona el Mundial con dignidad, habiendo competido por encima de lo esperado y dejando una imagen muy distinta a la que refleja el marcador final.
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