Pramila Jayapal, congresista demócrata: “Nos tenemos que preparar por si Trump intenta robar las elecciones”

La representante del Partido Demócrata por el Estado de Washington, Pramila Jayapal, durante una entrevista en su oficina en Washington el 22 de julio.

La representante Pramila Jayapal (Chennai, India, 60 años) llegó a los 16 años a Estados Unidos para estudiar y, tras una carrera como activista de los derechos civiles, se convirtió en 2017 en la primera mujer de procedencia india en entrar en el Congreso. Hoy es una de las diputadas del ala progresista del Partido Demócrata más influyentes en el Capitolio.

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Libros en la oficina en el Capitolio de la demócrata Pramila Jayapal.  La representante lidera una delegación del Capitolio en el Congreso Panamericano, reunión en Montevideo de líderes progresistas para tratar los retos del imperialismo de Trump en el continente  

La representante Pramila Jayapal (Chennai, India, 60 años) llegó a los 16 años a Estados Unidos para estudiar y, tras una carrera como activista de los derechos civiles, se convirtió en 2017 en la primera mujer de procedencia india en entrar en el Congreso. Hoy es una de las diputadas del ala progresista del Partido Demócrata más influyentes en el Capitolio.

Diana favorita y una de las mayores críticas en Washington del presidente Donald Trump, liderará el subcomité de inmigración en el Congreso si los suyos retoman, como auguran las encuestas, la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre. Desde esa posición de poder, promete investigar la responsabilidad por las muertes de la policía migratoria de Trump y sentar las bases de una reforma duradera de un sistema aún más roto por las políticas xenófobas de la actual Administración.

Jayapal liderará a partir del 21 de agosto una delegación demócrata en un viaje a Montevideo para participar en el tercer Congreso Panamericano, reunión de políticos progresistas de un continente sacudido por el renovado imperialismo de Trump. Esta entrevista se celebró a finales de julio con motivo de esa visita. La congresista recibió a EL PAIS en su oficina del Capitolio, entre fotos con el Dalai Lama y Joe Biden, panorámicas de Seattle, la ciudad del Estado de Washington a la que representa en el Congreso, y eslóganes que piden gravar a los multimillonarios o atención sanitaria universal.

Pregunta. ¿Qué espera de su visita a Uruguay?

Respuesta. Es una oportunidad de escuchar de nuestros homólogos latinoamericanos lo que está sucediendo sobre el terreno. Cómo les afecta la política exterior estadounidense y cómo podemos trabajar juntos para construir un movimiento progresista y combatir la desinformación de la extrema derecha. Estados Unidos está causando mucho daño con la así llamada Doctrina Donroe [actualización de Trump de la idea de América como el patio trasero de Washington].

P. ¿Ve algo positivo en la política exterior de la actual Administración?

R. Trump cree en un poder ejecutivo unitario tanto en Estados Unidos como en otros países, a cuyo control aspira. Apoya a líderes por encima de la voluntad de sus pueblos. Creo que nuestra política exterior debería basarse en la asociación, el intercambio, en un respeto mutuo basado en la diplomacia.

P. Al presidente de Estados Unidos le preocupa la injerencia electoral de países extranjeros en Estados Unidos, pero interfiere sin disimulo en elecciones por todo el continente americano, de Colombia a Honduras. Sin esa influencia… ¿estaría Latinoamérica virando hacia la derecha?

R. Esos países se enfrentan a las mismas presiones desde la derecha que el resto; por eso el Congreso Panamericano es tan importante. Son los mismos actores, las mismas estrategias en todas partes.

P. ¿Logrará Trump socavar la confianza de los votantes en el sistema electoral estadounidense?

R. Creo que no, pero no será una tarea fácil. Nos tenemos que preparar para evitar todas las formas en que esta Administración podría intentar robar las elecciones de noviembre o garantizar a Trump un tercer mandato, aunque sea inconstitucional. A Benjamin Franklin le preguntaron si [Estados Unidos] era una monarquía o una república, y respondió que una república siempre que la conservemos. Estamos en esa etapa de conservarla.

P. ¿Es optimista con esa tarea?

R. Optimista sería decir demasiado. Pero me siento esperanzada. Es perfectamente posible que nos esperen desafíos que no podemos imaginar. Estuve en el Capitolio el 6 de enero [de 2021, durante el asalto de una turba trumpista] y no lo vimos venir.

P. Viajó a Cuba en abril de este año, y se vio con su presidente, Miguel Díaz-Canel. También visitó la isla en 2024. ¿Qué cambios constató?

R. Lo que más me impactó fue la crisis humanitaria sobre el terreno. Ya era mala en 2024, pero [en abril] fue terrible. Los apagones ya habían comenzado cuando estuve allí hace dos años, pero no eran tan generalizados. Faltan medicamentos, artículos de primera necesidad y alimentos. Las calles estaban casi vacías. Y eso que nosotros llegamos justo después de que un petrolero ruso atracara con un tanque lleno de combustible. Ni siquiera estábamos en la peor fase, que es ahora…

P. ¿Habló con líderes de la oposición?

R. Las dos veces. En la primera insistí en que nos reuniéramos con las familias de algunos de los presos políticos. Esta vez nos vimos con disidentes que se habían manifestado abiertamente contra el Gobierno. Hay muchas opiniones sobre cómo Cuba llegó a la situación en la que se encuentra. Están quienes culpan a la respuesta por las protestas [de 2021] y quienes acusan al Gobierno de enriquecerse a costa del pueblo. Al mismo tiempo, creo que todos entienden que el papel de Estados Unidos en el embargo ha sido increíblemente contraproducente. No ha funcionado ni funcionará infligir un castigo colectivo al pueblo cubano para forzar un cambio. Ese parecía ser el denominador común.

P. Y entre esas opiniones… ¿Cuál es la suya?

R. El Gobierno de Estados Unidos ha manejado la crisis erróneamente desde el inicio del embargo. Deberíamos haber puesto en práctica una diplomacia profunda para que Cuba se vinculara con el resto del mundo y los cambios llegaran de forma natural. No podemos dictar los designios del pueblo cubano. Deberíamos entablar negociaciones reales, algo que no ha ocurrido desde la Administración de Obama. Biden tampoco aprovechó ese impulso.

P. Un reciente documento sobre Cuba del Departamento de Estado dice que el castrismo se ha infiltrado en el Partido Demócrata…

R. Primero, nos atacaron a nosotros, los progresistas, y trataron de convertir eso en una palabrota. Luego nos llamaron socialistas. Y ahora somos comunistas. Todo forma de una estrategia, no solo en Estados Unidos, sino en América Latina y el mundo.

P. Un grupo de demócratas de la Cámara publicó recientemente una declaración que proclamaba que el partido es capitalista, no comunista. ¿Merece la pena tener esa discusión?

R. No. Somos un país capitalista. Te puede gustar o no. Pero caer en el debate de nuestros oponentes no es útil. Deberíamos hablar de políticas. ¿Merecemos atención médica universal? Todos los países ricos del mundo la tienen. Guardería universal, educación para todos… Estados Unidos solía ser líder en esas cosas; lamentablemente, nos hemos quedado muy atrás.

P. ¿Amenazan los Socialistas Democráticos de América (DSA son sus siglas en inglés) del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, la “gran carpa” del Partido Demócrata?

R. No. No puede ser que en esa gran carpa quepan todos salvo el DSA. Debemos aprender a trabajar aunque no compartamos todos los puntos de vista. Reconocer a la base progresista, particularmente los jóvenes, la gente trabajadora, los negros y los latinos… No podemos centrarnos solo en un pequeño grupo de votantes principalmente blancos de ciertos Estados.

P. ¿Cree que Gaza volverá a ser un tema clave en las próximas elecciones?

R. Sí, porque no solo se trata de Gaza, sino de la financiación del Congreso y del apoyo al Gobierno israelí sin obligarlo a cumplir con nuestras leyes o el derecho internacional humanitario. Eso explica el horror que sentimos al presenciar el genocidio. Y cómo todo sucede gracias a la inacción de Estados Unidos, tanto bajo administraciones demócratas como republicanas.

P. ¿Está Israel rompiendo el Partido Demócrata?

R. Creo que está forzando una discusión que nunca tuvimos. Cuando llegué al Capitolio, ni siquiera era posible plantearla, y hablar, por ejemplo, de cuánto dinero han inyectado entidades como [el grupo de presión sionista] AIPAC para silenciar las críticas. Hay demasiado dinero en nuestras elecciones.

P. ¿Cómo evitar esa influencia desmedida?

R. Yo he presentado una enmienda llamada “Nosotros el Pueblo”, que serviría para tumbar Citizens United, el fallo del Supremo que permitió a las empresas ser consideradas como personas físicas con derecho a la libertad de expresión para involucrarse en la política…

P. Esa idea de la libertad de expresión del dinero solo podría darse en este país…

R. Es una auténtica locura. También deberíamos aprobar la Ley del Derecho al Voto John Lewis, que permite la financiación pública de las elecciones. Cuando me postulé para el Congreso, fui una de sus únicos cuatro miembros que se negaron a aceptar dinero de empresas. Ahora somos tal vez 60. Ese dinero influye en cómo abordamos algunos de los problemas más graves de los estadounidenses.

P. Si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes… ¿qué debería ser lo primero?

R. Es un debate abierto. Primero, deberíamos revertir de inmediato algunas de las peores cosas que ha hecho esta Administración, tratar de asegurar que la gente tenga acceso a la atención médica y a los programas de alimentos, así como de incentivar la asequibilidad. Lo segundo: rendición de cuentas. Tenemos que abordar la responsabilidad sobre las muertes a manos de [los cuerpos de la policía migratoria de Trump] ICE y la Patrulla fronteriza, y sobre la corrupción de las empresas y de la Administración de Trump y de los miembros del Congreso. La tercera prioridad es sentar las bases para cuando tengamos también el control del Senado y reconquistemos la Casa Blanca. Ahí tenemos que emprender un cambio transformador, que nos permita eliminar el filibusterismo para poder aprobar una reforma electoral, eliminar el dinero de la política y reformar el Tribunal Supremo. Ese trabajo preliminar debe hacerse en los próximos dos años.

P. ¿Deberían someter a un impeachment a Trump?

R. Siempre es una posibilidad. Ya lo hemos hecho en dos ocasiones, y ambas encallaron en el Senado. Antes que nada, habría que asegurarse de que tenemos los votos suficientes.

P. Usted aspira a ser la nueva presidenta del subcomité de inmigración. Y se ha centrado mucho en el trato de la Administración de Trump a los niños… Ese fue un asunto central en su primera presidencia, del que no se habla tanto en la segunda.

R. Ese drama continúa. Y diría que esta vez es mucho peor. No me sorprende, porque leí el documento del Proyecto 2025, y Stephen Miller [asesor de Seguridad Nacional] lo explicó muy claramente ahí, que no se iba a centrar solo en “lo peor de lo peor”, sino que iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance para acabar con la inmigración legal tal como la conocemos. Y eso es lo que estamos viendo. Por ejemplo, ha terminado con el reasentamiento de refugiados, salvo en el caso de los sudafricanos blancos; con el asilo; con el procesamiento de solicitudes para tarjetas de residencia, con el TPS [estatus de protección temporal]… Ha convertido la inmigración en un arma, y está instrumentalizando a los migrantes, a base de presentarlos como criminales. Les conviene tener un enemigo y enfrentar a la gente para distraerla de los problemas reales.

P. ¿Cómo imagina una reforma del sistema migratorio?

R. Habría que abrir caminos hacia la ciudadanía y legalizar a los inmigrantes indocumentados que han estado viviendo en este país y haciendo todo lo que les hemos pedido. Tendrían que aumentar los límites [de acogida] en muchas de las categorías que no se han aumentado en más de 30 años. Garantizar que los ciudadanos estadounidenses puedan inmediatamente convertir a sus familias en ciudadanos. Ordenar el programa de los visados para evaluar regularmente cuáles son nuestras necesidades de empleo y luego brindar las vías para que vengan. Y continuar preservando el asilo. Luego, una vez que tengamos un sistema de inmigración que funcione, debemos hacer cumplir la ley, no solo con las personas que la infringen o entran ilegalmente al país, sino también con los empleadores que los contratan y hacen la vista gorda…

P. ¿Deberían la testosterona de los soldados preocupar a los estadounidenses?

R. No. Es solo otro intento de Pete Hegseth, el secretario de la Guerra Eterna, de abordar su inseguridad sobre sus niveles de testosterona. Es una propuesta peligrosa, médicamente hablando, pero también es otro intento de introducir una preocupante cultura en el ejército.

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