Entre toda la vorágine que envuelve a Vallecas, su estadio y su afición, aparece un rayo de luz con un nombre propio: Sergio Camello. El futbolista madrileño lidera la lista de pichichis de LaLiga, por delante de Mbappé, con un tanto más, y empatado a goles con Raphinha. Ya van cinco, y no de cualquier manera ni contra cualquier rival. Se lució en el Camp Nou con un doblete, entrando en la historia del club franjirrojo al convertirse en el segundo jugador del Rayo Vallecano que logra marcar dos goles en el campo del conjunto azulgrana en la competición. El primero en hacerlo fue Bolo, hace nada más y nada menos que 26 años. Se dice pronto.
El madrileño de 25 años encabeza la lista de goleadores de LaLiga, empatado a cinco con Raphinha y con un tanto más que Mbappé
Entre toda la vorágine que envuelve a Vallecas, su estadio y su afición, aparece un rayo de luz con un nombre propio: Sergio Camello. El futbolista madrileño lidera la lista de pichichis de LaLiga, por delante de Mbappé, con un tanto más, y empatado a goles con Raphinha. Ya van cinco, y no de cualquier manera ni contra cualquier rival. Se lució en el Camp Nou con un doblete, entrando en la historia del club franjirrojo al convertirse en el segundo jugador del Rayo Vallecano que logra marcar dos goles en el campo del conjunto azulgrana en la competición. El primero en hacerlo fue Bolo, hace nada más y nada menos que 26 años. Se dice pronto.
En el destierro del Rayo en Butarque frente al recién ascendido Racing, Camello volvió a enfundarse la capa de héroe para marcar dos goles más. Ahora se luce con la camiseta de la Franja después de unas temporadas complicadas cuando Íñigo Pérez dirigía el banquillo de Vallecas, pero lo que muchos recuerdan cuando se pronuncia su nombre es aquella tarde de París en la que firmó un doblete con la camiseta de la selección española para colgarse la medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Parece que este chico solo sabe anotar de dos en dos.
Quizás, por el contexto del club y los escándalos relacionados con la concesión del Estadio de Vallecas y su presidente, Martín Presa, parece simbólico que sea justo Sergio Camello el que esté sacando adelante al equipo cuando se trata de puro fútbol. Porque no es un jugador más. El madrileño es uno de esos jugadores que rompe los moldes, que no se calla ante las polémicas, que demuestra que, a pesar de haberse formado en la cantera del Atlético de Madrid, lucha por el escudo que porta cada fin de semana y alza la voz frente a las condiciones que oscurecen la luz del Rayo.
Por eso es simbólico que sea él quien esté tirando del equipo, por eso y porque, en un club en el que no solo importa el fútbol, Sergio entiende los valores que en Vallecas se defienden, que en Vallecas se reclaman. Valores con los que la afición se siente representada en una etapa marcada por la guerra de todos ellos contra la gestión de Raúl Martín Presa. Y sí, Sergio es de esos futbolistas que rompe el molde, de esos en los que brillan los lujos y los coches. «No me verán con una camiseta de 600 euros cuando mi madre gana 700», confesaba en 2024 Camello. Una frase que define muy bien todo lo que es el joven de 25 años.
Cuando se conoce a la persona, parece que la figura de futbolista es lo de menos. Porque detrás del jugador hay un loco de la música, y no hace falta demasiado para adivinar qué ritmos sigue: basta con mirar su estilo, tan alejado del uniforme de futbolista al uso, para imaginarse a Carolina Durante, Niña Polaca o Leiva. Son los grupos que sueña con escuchar algún día desde el otro lado del escenario, en una sala de conciertos propia, el proyecto que le gustaría levantar cuando cuelgue las botas y el fútbol deje de marcar el ritmo de sus días.
La música es solo una parte de ese universo. Los tatuajes, el cine y el arte en general completan un imaginario que dice mucho de alguien que parece empeñado en construir su propia identidad más allá del césped. Un futbolista, sí, pero también todo lo demás que cabe cuando uno se quita la camiseta y se aleja del jugador que vale millones. Un madrileño con estética castiza que se crió en el barrio de San Blas y, aquellos que lo conocen bien, aseguran que sigue siendo el mismo chaval que comenzó en las inferiores del Atleti. Tal vez, si algo ha cambiado de aquel niño, es el sentimiento que ha forjado hacia Vallecas, por donde se mueve como si fuera su casa. Quizás ya la sienta así después de cuatro temporadas defendiendo la Franja, no solo en el campo, sino también cuando tiene la oportunidad de hablar ante un micrófono.
Lo ha hecho siempre, y ahora, posiblemente en una de las situaciones más complicadas en la historia del equipo del barrio, Sergio no iba a quedarse callado. «Que una victoria no empañe lo que estamos sufriendo. Vallecas necesita su estadio. El equipo necesita su estadio y lucha por su estadio. Necesitamos que se hagan las cosas bien para recuperar lo que es nuestro», denunciaba el jugador al término del encuentro frente al Racing de Santander de este sábado.
Por todo ello, Camello es el futbolista que pone voz a una grada que lleva demasiado tiempo reclamando ser escuchada y que, en medio de la incertidumbre y el caos, encuentra en uno de los suyos un motivo para creer. Quizás la verdadera conexión del madrileño con el Rayo no sea únicamente los goles, sino entender que defender una camiseta se consigue también defendiendo aquello que la representa. El Rayo es ese club que rompe con lo convencional, que rechaza el fútbol moderno, que ensalza el fútbol de barrio, de barro, de toda la vida. Camello representa todo eso y, por ello, en un club en el que el fútbol no es lo único importante, él es la pieza que mejor encaja en el puzle que rompe con los moldes.
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