El campeón no apareció en Oviedo

Un gol anulado y una expulsión quebraron el magnífico planteamiento de Santi Denia, que descompuso a su «maestro», De la Fuente, y provocó que España jugara el peor partido en mucho tiempo.

 Un gol anulado y una expulsión quebraron el magnífico planteamiento de Santi Denia, que descompuso a su «maestro», De la Fuente, y provocó que  

Un gol anulado y una expulsión quebraron el magnífico planteamiento de Santi Denia, que descompuso a su «maestro», De la Fuente, y provocó que España jugara el peor partido en mucho tiempo.

¿Mereció ganar la selección? Probablemente sí, pero entre su siesta de campeón y el pitorreo que hay entre la dirección de la Federación y el seleccionador provocaron que, al final, se pidiera tiempo ante una selección checa que ni acapara un puesto de honor entre los mejores equipos del mundo.

Guasas como «es que me duele un dedo». «No te preocupes, vete a casa». «Es que estoy embarazado». «Pues estás libre». Encima, ha aparecido la prepotencia de De la Fuente; se le ha subido la fiebre y quiere cambiar casi la alineación completa en cada partido, esta vez con nueve jugadores diferentes. Excesiva soberbia. Entonces, el resultado es un cachondeo y la pérdida de la realeza del campeón.

Añádase que, para que los clubes no se cabreen, no puede utilizar mucho a Lamine, tampoco a cualquier barcelonista, a cualquier bilbaíno o hasta a uno del Liverpool.

No se puede jugar con Rodri y Pedri al mismo tiempo. Se inutilizan, se evaporan en su personalidad. Además, con los dos cansados, el segundo tiempo parecía una feria a favor de Chequia. Tuvo mejor control del partido, más sabiduría en los pases y hasta un lateral puso la soga en el cuello a De la Fuente. Denia lo había dejado derrotado.

Tampoco se puede jugar con Le Normand, que es muy malo. Ni con Roberto, que el pobre hizo un ridículo mayúsculo en su debut. Por si fuera poco, aparece Yeremy; sí, sí, con dos y griegas, que está haciendo una temporada horrorosa en el Crystal Palace.

Por eso, queda más cerca Lisboa, sí ha acertado el seleccionador con la aparición de Fresneda, que simplemente parece un lateral formidable. Otro de los desperdicios de la cantera blanca.

Por si fuera poco, Raya estuvo muy nervioso todo el partido, absorbido por la responsabilidad de que la sombra de Unai es muy alargada. Cometió errores, mostró inseguridad y «cantó» la Traviata en el posible gol del empate checo. No se vio fuera de juego y, si es falta a Laporte, también había otra incidencia en el pelotón del magnífico centro checo.

Es curioso cómo Merino siempre llega como la caballería en las películas de indios de Hollywood. Aunque en esa ocasión llegó de carambola. Hasta dos contrarios rechazaron su disparo y, al final, fue gol. Todo se calmó. La zozobra desapareció.

Demasiados errores en un solo partido y, maldita sea, ante una afición ovetense que los había recibido como los ganadores de dos Olimpiadas. La verdad fue que ni las gaitas pudieron redimir al campeón del mundo, que quizá se aburre de ganar, se confía y, encima, aparece un seleccionador con demasiada autosuficiencia.

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